Pero qué hermosura de romance mi querida Isabel, me haces sentir ese aroma andaluz que tanto embriaga, ese sentimiento calé que nace del pecho y se quiebra en la garganta y ese llanto de alegría que luce tu alma pura y cristalina como el agua clara.
Me has dejado con el bello de punta y las pupilas dilatadas ante tanta belleza que tu corazón me dedica.
Permíteme mi dulce sultana, mi Dulcinea granadina que te deje este pequeño canto como prueba de mi admiración hacia ti con todo cariño.
Que Dios te cuide por los siglos de los siglos.
La noche tiende su manto
en la vega de Granada,
un quejío y una pena
se esparce en la madrugada.
Su voz asciende a los cielos
bajo la luna gitana
con un sentío que va,
desde el pecho a la garganta.
Desde Jaén hasta Córdoba,
desde Sevilla a Granada,
desde Cádiz hasta Huelva
y Almería hasta Málaga,
el sentimiento profundo
al llanto de la guitarra,
vive y sueña por las noches
cuando el cante jondo canta.
Mil besazos con mil abrazos mi dulce y preciada Isabel.