BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ahora sé que tengo la vida
la terrible vida peinada bajo
ojos boca labios temblando como rama abierta
entre cejas pestañas dientes trozos de orgullo
banal y omnipresentes.
La terrible vida que compensa
tanto sufrimiento y obliga a voluntades
muertas como flores sobre una lápida,
a resarcir moles de cemento y fábricas de luz
dolorosa.
Esta terrible vida se inicia
no termina concluye allá donde
está el abismo, el terrible abismo
también que construye una boa como una manzana
sobresaliente de un pedazo de carne.
Sin buscar eternidades inmortalidades de sobra
conocidas, mi voz alza sus espumarajos indemostrables,
bucea en sí misma abriendo cielos en los estanques cerrados.
Y recupera su peso, olvidado como un cieno en los
techos irrecuperables, como un trozo de grasa en los talleres
mecánicos, como una mancha indescriptible sobre los pantalones
de desidia dominical.
Esta terrible vida me fuerza a empalar
cada estaca fuerte en un corazón destinado,
o a versar los labios de mi amante descifrados,
o a celebrar esponsales deteriorados en cifras ocultas
de agua y temblor.
Vuelvo los ojos a la vida,
vuelvo la boca a la palabra,
vuelvo las cejas a su destino de persiana,
vuelvo las pestañas a la luz entreabierta,
vuelvo los dientes en fin a la manzana y al turrón
sacrificado, a la pastilla consumible-.
©
la terrible vida peinada bajo
ojos boca labios temblando como rama abierta
entre cejas pestañas dientes trozos de orgullo
banal y omnipresentes.
La terrible vida que compensa
tanto sufrimiento y obliga a voluntades
muertas como flores sobre una lápida,
a resarcir moles de cemento y fábricas de luz
dolorosa.
Esta terrible vida se inicia
no termina concluye allá donde
está el abismo, el terrible abismo
también que construye una boa como una manzana
sobresaliente de un pedazo de carne.
Sin buscar eternidades inmortalidades de sobra
conocidas, mi voz alza sus espumarajos indemostrables,
bucea en sí misma abriendo cielos en los estanques cerrados.
Y recupera su peso, olvidado como un cieno en los
techos irrecuperables, como un trozo de grasa en los talleres
mecánicos, como una mancha indescriptible sobre los pantalones
de desidia dominical.
Esta terrible vida me fuerza a empalar
cada estaca fuerte en un corazón destinado,
o a versar los labios de mi amante descifrados,
o a celebrar esponsales deteriorados en cifras ocultas
de agua y temblor.
Vuelvo los ojos a la vida,
vuelvo la boca a la palabra,
vuelvo las cejas a su destino de persiana,
vuelvo las pestañas a la luz entreabierta,
vuelvo los dientes en fin a la manzana y al turrón
sacrificado, a la pastilla consumible-.
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