Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Hace mucho, mucho tiempo, cuando el mundo era nuevo, casi tan nuevo como un regalo sin desenvolver, la tierra estaba cubierta de un manto blanco y frío, un cobertor que Eugea había extendido sobre las rocas, las montañas, los valles, los ríos…
Llegó el tiempo en que la vida debía despertar. Una luminaria amarilla y fuerte se levantaba por el horizonte y se aprestaba a dar calor a todo aquello que el mundo contenía. Eugea, con sus grandes manos se dispuso a recoger aquella capa fría y dura que había protegido hasta entonces toda existencia.
Surgieron primero los picos de las más altas montañas, luego los montes, aparecieron los valles y corrieron alegres los arroyos y los ríos. Despertó la vida en las flores, en los verdes prados, en los bosques poblados de los más diversos árboles. Eugea se sentía feliz. Una lágrima de puro contento se deslizó por su mejilla y fue a caer en el interior de un lirio, emocionada con su belleza. Poco después, se apoyó para aliviar su fatiga en el tronco de un enorme roble; miró hacia arriba y suspiró al contemplar la belleza de sus hojas.
Al cabo de unos días, como por ensalmo, en la corola del lirio apareció, plena de belleza, un hada. Su largo cabello dorado enmarcaba un rostro lleno de dulzura y sus pequeñas alas se agitaban, presagiando ya los gráciles vuelos a que se iba a dedicar. Mientras, en el gran roble, una bellota de oro se desprendió de una rama, y al caer al suelo, se abrió en dos partes, hallándose en su interior un elfo de aspecto risueño y gran sonrisa.
Así, ocurrió que al verse cada uno de ellos en el suelo, transcurridos los primeros instantes de sorpresa, se dedicaron a recorrer el mundo que los rodeaba. Fue de este modo como acabaron uno frente al otro. Se miraron, se aproximaron, acercaron sus manos para tocar las del otro. Entonces el elfo pronunció su primera palabra: -¿Titania? Y el hada respondió a su vez : ¡Oberón!. Fueron estas primeras palabras las que les dieron sus nombres y ambos se convirtieron en inseparables. Juntos recorrieron aquella tierra que despertaba y nombraron las flores y los árboles, las aves y las estrellas que divisaban en el cielo. Por donde ellos pasaban, la hierba era más verde y fresca, las flores más bellas y aromáticas, los árboles más esbeltos y con más fruto. A partir de entonces la vida de ambos recorriendo la tierra, se transformó en una continua primavera.
Y surgió el amor, el que lleva a un ser a entregarse a otro, a ser uno con él. Titania y Oberón, se amaban con esa ilusión de los tiempos primeros, ese amor que hace cosquillas en el alma, que pinta sonrisas en el corazón. Amor al que todo tiempo con el amado parece poco. Ese amor profundo que lleva a compartir la vida por toda la eternidad.
Así, decidieron unirse en matrimonio, para quererse con la locura que sólo entienden los seres mágicos. Amarse para hacer hermoso el mundo.
Decidieron sellar su unión con regalo especial y, de ese modo, cada uno buscó con qué sorprender a su pareja. Tras varios días de búsquedas quedaron para entregarse aquellos dones, que serían la piedra de toque de su felicidad. Oberón llevó a Titania al bosque y allí, en medio del silencio que todo lo ocupaba, abrió sus manos, sopló en ellas y los árboles comenzaron a acunarse en el arrullo del viento y por vez primera se escuchó el murmullo suave de las hojas mecidas por el aire. Titania rió alborozada y confesó que era el mejor regalo que se podía esperar. A continuación, la propia Titania tomó de la mano a Oberón para llevarlo a un prado cercano. Una vez que llegaron. Titania juntó sus labios y emitió un silbido profundo, musical, de una belleza especial que conmovía al escucharlo. Al momento, las aves rompieron a cantar, las calandrias, los mirlos, las oropéndolas, los ruiseñores, las alondras…componiendo un trino armónico, que embelesaba al ser escuchado.
Aquellos presentes hicieron la felicidad de ambos, los unieron en su afán de enamorados por encima de los tiempos. Se convirtieron en reyes del mundo feérico y se asentaron en La tierra de Oberón, donde reina también Titania y desde donde envían sus dones a todos los que habitamos esta tierra.
Así, quiero que sepas que, cuando te emocione el canto de los pájaros y te sumerjas en el murmullo del viento entre las ramas, estarás disfrutando de un presente de amor, el que se tienen Titania y Oberón.
Llegó el tiempo en que la vida debía despertar. Una luminaria amarilla y fuerte se levantaba por el horizonte y se aprestaba a dar calor a todo aquello que el mundo contenía. Eugea, con sus grandes manos se dispuso a recoger aquella capa fría y dura que había protegido hasta entonces toda existencia.
Surgieron primero los picos de las más altas montañas, luego los montes, aparecieron los valles y corrieron alegres los arroyos y los ríos. Despertó la vida en las flores, en los verdes prados, en los bosques poblados de los más diversos árboles. Eugea se sentía feliz. Una lágrima de puro contento se deslizó por su mejilla y fue a caer en el interior de un lirio, emocionada con su belleza. Poco después, se apoyó para aliviar su fatiga en el tronco de un enorme roble; miró hacia arriba y suspiró al contemplar la belleza de sus hojas.
Al cabo de unos días, como por ensalmo, en la corola del lirio apareció, plena de belleza, un hada. Su largo cabello dorado enmarcaba un rostro lleno de dulzura y sus pequeñas alas se agitaban, presagiando ya los gráciles vuelos a que se iba a dedicar. Mientras, en el gran roble, una bellota de oro se desprendió de una rama, y al caer al suelo, se abrió en dos partes, hallándose en su interior un elfo de aspecto risueño y gran sonrisa.
Así, ocurrió que al verse cada uno de ellos en el suelo, transcurridos los primeros instantes de sorpresa, se dedicaron a recorrer el mundo que los rodeaba. Fue de este modo como acabaron uno frente al otro. Se miraron, se aproximaron, acercaron sus manos para tocar las del otro. Entonces el elfo pronunció su primera palabra: -¿Titania? Y el hada respondió a su vez : ¡Oberón!. Fueron estas primeras palabras las que les dieron sus nombres y ambos se convirtieron en inseparables. Juntos recorrieron aquella tierra que despertaba y nombraron las flores y los árboles, las aves y las estrellas que divisaban en el cielo. Por donde ellos pasaban, la hierba era más verde y fresca, las flores más bellas y aromáticas, los árboles más esbeltos y con más fruto. A partir de entonces la vida de ambos recorriendo la tierra, se transformó en una continua primavera.
Y surgió el amor, el que lleva a un ser a entregarse a otro, a ser uno con él. Titania y Oberón, se amaban con esa ilusión de los tiempos primeros, ese amor que hace cosquillas en el alma, que pinta sonrisas en el corazón. Amor al que todo tiempo con el amado parece poco. Ese amor profundo que lleva a compartir la vida por toda la eternidad.
Así, decidieron unirse en matrimonio, para quererse con la locura que sólo entienden los seres mágicos. Amarse para hacer hermoso el mundo.
Decidieron sellar su unión con regalo especial y, de ese modo, cada uno buscó con qué sorprender a su pareja. Tras varios días de búsquedas quedaron para entregarse aquellos dones, que serían la piedra de toque de su felicidad. Oberón llevó a Titania al bosque y allí, en medio del silencio que todo lo ocupaba, abrió sus manos, sopló en ellas y los árboles comenzaron a acunarse en el arrullo del viento y por vez primera se escuchó el murmullo suave de las hojas mecidas por el aire. Titania rió alborozada y confesó que era el mejor regalo que se podía esperar. A continuación, la propia Titania tomó de la mano a Oberón para llevarlo a un prado cercano. Una vez que llegaron. Titania juntó sus labios y emitió un silbido profundo, musical, de una belleza especial que conmovía al escucharlo. Al momento, las aves rompieron a cantar, las calandrias, los mirlos, las oropéndolas, los ruiseñores, las alondras…componiendo un trino armónico, que embelesaba al ser escuchado.
Aquellos presentes hicieron la felicidad de ambos, los unieron en su afán de enamorados por encima de los tiempos. Se convirtieron en reyes del mundo feérico y se asentaron en La tierra de Oberón, donde reina también Titania y desde donde envían sus dones a todos los que habitamos esta tierra.
Así, quiero que sepas que, cuando te emocione el canto de los pájaros y te sumerjas en el murmullo del viento entre las ramas, estarás disfrutando de un presente de amor, el que se tienen Titania y Oberón.
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