Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se cuelgan las horas repetidas
de las manecillas del reloj
y vuelven a girar en ese caminar
que a nada conduce,
paseo de la esfera,
recorrido impotente y estéril.
Y uno, desearía que rompieran
las horas en todos los relojes,
que saltara el tiempo,
libre de todas las esferas,
para habitar espacios,
sin prisas, sin pesares,
con la suerte soplando
a favor nuestro,
llevándonos donde desea el corazón.
Mundos nuevos,
hechos para estrenar nosotros.
Ojos limpios que den
miradas diferentes
y un canto alegre
para saltar abismos
que nos lleven lejos.
de las manecillas del reloj
y vuelven a girar en ese caminar
que a nada conduce,
paseo de la esfera,
recorrido impotente y estéril.
Y uno, desearía que rompieran
las horas en todos los relojes,
que saltara el tiempo,
libre de todas las esferas,
para habitar espacios,
sin prisas, sin pesares,
con la suerte soplando
a favor nuestro,
llevándonos donde desea el corazón.
Mundos nuevos,
hechos para estrenar nosotros.
Ojos limpios que den
miradas diferentes
y un canto alegre
para saltar abismos
que nos lleven lejos.