Martín Renán
Poeta adicto al portal
Tienta carnal en el cuerpo;
detrás del rezo
me perdona
alguien como tú en el sueño;
otra vez la queja
del acólito de mi barrio
mientras
me confieso blasfemo.
Un día, incendiaremos juntos el alma y el corazón fugitivo.
Una noche, te sentarás pensado cómo matar una estrella; el cuchillo entre mis manos brilla
como una luciérnaga solitaria
si fueras el ángel
enfermo.
Nadie compra pan con la otra mano
y después de la medianoche
—conmigo el hambre abraza—
Noctámbulo,
dejaré al suicida
bajo la mesa y una vela a media luz,
y me pregunto
¿Dónde están todos, mi alma, mi corazón y mis huesos?
Y por qué escucho a los lejos, el dios que castiga y perdona a la vez.
Así, todos los días me culpo;
en un padrenuestro doscientos
parásitos
me carcomen la vida, y mi carne
es débil y frágil.
De tierra y pecado mi universo
alguien como tú, bajo la sombra de un árbol, no eres el único soñador.
detrás del rezo
me perdona
alguien como tú en el sueño;
otra vez la queja
del acólito de mi barrio
mientras
me confieso blasfemo.
Un día, incendiaremos juntos el alma y el corazón fugitivo.
Una noche, te sentarás pensado cómo matar una estrella; el cuchillo entre mis manos brilla
como una luciérnaga solitaria
si fueras el ángel
enfermo.
Nadie compra pan con la otra mano
y después de la medianoche
—conmigo el hambre abraza—
Noctámbulo,
dejaré al suicida
bajo la mesa y una vela a media luz,
y me pregunto
¿Dónde están todos, mi alma, mi corazón y mis huesos?
Y por qué escucho a los lejos, el dios que castiga y perdona a la vez.
Así, todos los días me culpo;
en un padrenuestro doscientos
parásitos
me carcomen la vida, y mi carne
es débil y frágil.
De tierra y pecado mi universo
alguien como tú, bajo la sombra de un árbol, no eres el único soñador.