Teo Moran
Poeta fiel al portal
Ella habita en cada rincón de la casa,
en cada una de las partes de mi alma,
se sienta junto a mí en la mesa vacía
como cada día al llegar del trabajo,
y hablamos de las páginas de su libro
de forma desordenada pero con pasión,
algún que otro poema que lleva su firma
y lleva la amargura de su corazón,
porque su corazón roto se desangra
ante el papel con sus versos dolidos,
lo llena de la tierra arcillosa de su carne
y con la mirada infantil que aún conserva.
Se tumba a mi lado con sus gafas puestas,
en silencio va pasando las páginas
con las yemas delicadas de sus dedos,
y yo no hago más que mirar su cabello,
a su dulce boca y a su bella sonrisa,
dejo caer distraídamente mi mano
y recorro las curvas de su cuerpo
mientras contengo la respiración,
porque ella está allí y no es un sueño.
Ella mora en los libros de la estantería
donde el polvo ha dejado un rastro
de historias reales y de fantasía,
y la oigo suspirar con su voz de mirlo
mientras toca ensimismada las teclas
de un viejo y desvencijado ordenador.
Y me pregunto por la historia inacabada
que va dando rienda suelta su imaginación,
no sé si hablará de nuestro amor
o de algún otro sueño más elevado,
de alguna tierra calcinada por el tiempo,
pero yo una vez terminado el escrito
se lo leeré como siempre con cariño,
porque a ella le gusta oírlo de mis labios,
dice que de ese modo le parece distinto.
Ella, aquella que amo no vive a mi lado,
no duerme desnuda bajo las sábanas
y no me sorprende con un beso en los labios,
ella hizo del recuerdo mi esperanza
y de mi casa una sola habitación
donde ella me escribe poemas de amor.