BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Donde nos aferramos
los pésimos poetas
es a ese consuelo que ofrecen
las flores del vestíbulo
las radiografías incipientes
los relámpagos cohibidos
la sexualidad promontorio inacabada.
Donde nos consolamos
los malos poetas
es en esa comparecencia de raíces insanas
de raíces hasta lo corpóreo inclementes,
malogrando nuestros tributos silenciosos
en la pestilencia del agua suavemente acumulada.
Proferimos con desgana
la sutileza del profesor,
la amargura de un vientre recipiente,
amagamos el tiro que dispara a nuestra sien
deforme.
Existe un silencio mayor que el de la caza.
Donde hallamos suelo a nuestra consternación
grupal,
es en esa ocurrencia impertinente, en ese fracaso
que nos toca piel con piel en lo uniforme de la luz.
©
los pésimos poetas
es a ese consuelo que ofrecen
las flores del vestíbulo
las radiografías incipientes
los relámpagos cohibidos
la sexualidad promontorio inacabada.
Donde nos consolamos
los malos poetas
es en esa comparecencia de raíces insanas
de raíces hasta lo corpóreo inclementes,
malogrando nuestros tributos silenciosos
en la pestilencia del agua suavemente acumulada.
Proferimos con desgana
la sutileza del profesor,
la amargura de un vientre recipiente,
amagamos el tiro que dispara a nuestra sien
deforme.
Existe un silencio mayor que el de la caza.
Donde hallamos suelo a nuestra consternación
grupal,
es en esa ocurrencia impertinente, en ese fracaso
que nos toca piel con piel en lo uniforme de la luz.
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