Amores sin tiempo.

Anibal Rodriguez

Poeta adicto al portal
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Se fueron entretejiendo
mis esperanzas y sueños
entre sus bucles dorados
y las curvas de su cuerpo,
con tal fuerza la anhelaba,
eran tantos mis deseos
que despertaba soñando
que la tenía en mi lecho.


Los días fueron pasando
ofreciéndole mis versos
con los suspiros del alma
que brotaban de mi pecho,
haciendo de cada letra
un místico y bello templo
donde adoraba su imagen
como el mas devoto siervo.


Yo pensaba en mi locura
que me brindaba sus besos
que salían de su entraña
como pájaros en vuelo,
que saturaban mi cuarto
con trinos dulces y tierno
cual arpegios de las liras
de las náyades de Homero.


Mis insomnios revelaban
un delirio casi enfermo
de poseer sus encantos
de pasión y gracias llenos.
Con su talle primoroso,
frágil, sensual y coqueto,
me parecía princesa
de algún olímpico reino.


Y marchó la primavera
dándole paso al invierno
y de nuestra juventud
sus rosas iban muriendo,
mas sin embargo en mi mente
su rostro seguía impreso
como ninfa de Monet
pintada en un blanco lienzo.


Su camino inexorable
jamás lo detuvo el tiempo,
pero quedó en mi memoria
el mas precioso recuerdo
de aquel amor tan soñado
que se fundió con el viento
y se escapó de la nube
donde yo lo había puesto.


Autor: Aníbal Rodríguez.
 
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Se fueron entretejiendo
mis esperanzas y sueños
entre sus bucles dorados
y las curvas de su cuerpo,
con tal fuerza la anhelaba,
eran tantos mis deseos
que despertaba soñando
que la tenía en mi lecho.


Los días fueron pasando
ofreciéndole mis versos
con los suspiros del alma
que brotaban de mi pecho,
haciendo de cada letra
un místico y bello templo
donde adoraba su imagen
como el mas devoto siervo.


Yo pensaba en mi locura
que me brindaba sus besos
que salían de su entraña
como pájaros en vuelo,
que saturaban mi cuarto
con trinos dulces y tierno
cual arpegios de las liras
de las náyades de Homero.


Mis insomnios revelaban
un delirio casi enfermo
de poseer sus encantos
de pasión y gracias llenos.
Con su talle primoroso,
frágil, sensual y coqueto,
me parecía princesa
de algún olímpico reino.


Y marchó la primavera
dándole paso al invierno
y de nuestra juventud
sus rosas iban muriendo,
mas sin embargo en mi mente
su rostro seguía impreso
como ninfa de Monet
pintada en un blanco lienzo.


Su camino inexorable
jamás lo detuvo el tiempo,
pero quedó en mi memoria
el mas precioso recuerdo
de aquel amor tan soñado
que se fundió con el viento
y se escapó de la nube
donde yo lo había puesto.


Autor: Aníbal Rodríguez.

Mi gran poeta mis felicitaciones con este bello poema, me deleité leyéndolo. Mil gracias por darnos tan bello regalo. Mis saludos cargado de cariño.
 
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Se fueron entretejiendo
mis esperanzas y sueños
entre sus bucles dorados
y las curvas de su cuerpo,
con tal fuerza la anhelaba,
eran tantos mis deseos
que despertaba soñando
que la tenía en mi lecho.


Los días fueron pasando
ofreciéndole mis versos
con los suspiros del alma
que brotaban de mi pecho,
haciendo de cada letra
un místico y bello templo
donde adoraba su imagen
como el mas devoto siervo.


Yo pensaba en mi locura
que me brindaba sus besos
que salían de su entraña
como pájaros en vuelo,
que saturaban mi cuarto
con trinos dulces y tierno
cual arpegios de las liras
de las náyades de Homero.


Mis insomnios revelaban
un delirio casi enfermo
de poseer sus encantos
de pasión y gracias llenos.
Con su talle primoroso,
frágil, sensual y coqueto,
me parecía princesa
de algún olímpico reino.


Y marchó la primavera
dándole paso al invierno
y de nuestra juventud
sus rosas iban muriendo,
mas sin embargo en mi mente
su rostro seguía impreso
como ninfa de Monet
pintada en un blanco lienzo.


Su camino inexorable
jamás lo detuvo el tiempo,
pero quedó en mi memoria
el mas precioso recuerdo
de aquel amor tan soñado
que se fundió con el viento
y se escapó de la nube
donde yo lo había puesto.


Autor: Aníbal Rodríguez.

Oh! Aníbal que bello romance registra tu memoria. Esto es poesía señores. Para leerlo y releerlo.Un gran abrazo.
 
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Se fueron entretejiendo
mis esperanzas y sueños
entre sus bucles dorados
y las curvas de su cuerpo,
con tal fuerza la anhelaba,
eran tantos mis deseos
que despertaba soñando
que la tenía en mi lecho.


Los días fueron pasando
ofreciéndole mis versos
con los suspiros del alma
que brotaban de mi pecho,
haciendo de cada letra
un místico y bello templo
donde adoraba su imagen
como el mas devoto siervo.


Yo pensaba en mi locura
que me brindaba sus besos
que salían de su entraña
como pájaros en vuelo,
que saturaban mi cuarto
con trinos dulces y tierno
cual arpegios de las liras
de las náyades de Homero.


Mis insomnios revelaban
un delirio casi enfermo
de poseer sus encantos
de pasión y gracias llenos.
Con su talle primoroso,
frágil, sensual y coqueto,
me parecía princesa
de algún olímpico reino.


Y marchó la primavera
dándole paso al invierno
y de nuestra juventud
sus rosas iban muriendo,
mas sin embargo en mi mente
su rostro seguía impreso
como ninfa de Monet
pintada en un blanco lienzo.


Su camino inexorable
jamás lo detuvo el tiempo,
pero quedó en mi memoria
el mas precioso recuerdo
de aquel amor tan soñado
que se fundió con el viento
y se escapó de la nube
donde yo lo había puesto.


Autor: Aníbal Rodríguez.


Mas que precioso es un admirable abanico de versos Anibal, todo me gusto desde el titulo, la imagen, la historia tan romántica y nostálgica.
Bueno ¡Felicidades! me encanto. Un abrazo.
 
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Se fueron entretejiendo
mis esperanzas y sueños
entre sus bucles dorados
y las curvas de su cuerpo,
con tal fuerza la anhelaba,
eran tantos mis deseos
que despertaba soñando
que la tenía en mi lecho.


Los días fueron pasando
ofreciéndole mis versos
con los suspiros del alma
que brotaban de mi pecho,
haciendo de cada letra
un místico y bello templo
donde adoraba su imagen
como el mas devoto siervo.


Yo pensaba en mi locura
que me brindaba sus besos
que salían de su entraña
como pájaros en vuelo,
que saturaban mi cuarto
con trinos dulces y tierno
cual arpegios de las liras
de las náyades de Homero.


Mis insomnios revelaban
un delirio casi enfermo
de poseer sus encantos
de pasión y gracias llenos.
Con su talle primoroso,
frágil, sensual y coqueto,
me parecía princesa
de algún olímpico reino.


Y marchó la primavera
dándole paso al invierno
y de nuestra juventud
sus rosas iban muriendo,
mas sin embargo en mi mente
su rostro seguía impreso
como ninfa de Monet
pintada en un blanco lienzo.


Su camino inexorable
jamás lo detuvo el tiempo,
pero quedó en mi memoria
el mas precioso recuerdo
de aquel amor tan soñado
que se fundió con el viento
y se escapó de la nube
donde yo lo había puesto.


Autor: Aníbal Rodríguez.
Una intensa dulzura en estos bellísimos versos...me ha gustado mucho pasar a visitar tus letras que con admiración leo siempre. Un gran abrazo..
 

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