Nat Guttlein
さん
Y en las canciones que jamás escuchaste,
he de estar acorralada en sueños.
En las flores que se marchitaron en tu puerta,
he de dormir,
soñar con aquellos días que la lejanía enterró,
que me hicieron presa de besos fugaces
y atardeceres marroquinados.
De todos los rojos que bañaban tus manos,
los azul marino que sorteaban las olas,
los verdes más puros trepando las montañas
y las tonalidades de grises recorrer el viento.
Eras artista y creador de maravillas,
principal experto en crear musas a destiempo.
Te ame en cada una de tus superficies,
en todos tus lienzos,
en cada curva,
en cada cabello
y entre cada pincelada inquieta.
Sorteé las cicatrices y me armé al vuelo,
caí tan alto que no vi el cielo,
baje tan por lo alto que no pude encontrar ninguna luna.
Y aún así,
te pienso.
he de estar acorralada en sueños.
En las flores que se marchitaron en tu puerta,
he de dormir,
soñar con aquellos días que la lejanía enterró,
que me hicieron presa de besos fugaces
y atardeceres marroquinados.
De todos los rojos que bañaban tus manos,
los azul marino que sorteaban las olas,
los verdes más puros trepando las montañas
y las tonalidades de grises recorrer el viento.
Eras artista y creador de maravillas,
principal experto en crear musas a destiempo.
Te ame en cada una de tus superficies,
en todos tus lienzos,
en cada curva,
en cada cabello
y entre cada pincelada inquieta.
Sorteé las cicatrices y me armé al vuelo,
caí tan alto que no vi el cielo,
baje tan por lo alto que no pude encontrar ninguna luna.
Y aún así,
te pienso.