Dvaldés
Poeta que considera el portal su segunda casa
Consciente
Locura
El hondo lamento,
invade las memorias,
tonadas silenciosas
de fúnebres veranos.
Temprano la mañana
iba despertando,
con ánimos festivos
y llantos sin llorarlos.
Fogatas saciaban
a manos congeladas...
el verdugo llegaba
en caballo negro,
sonriente sus crines
palpitaban el aire,
cordeles sujetaban
pesares del enjambre.
Tu mirada suplicante,
tusco destello,
se agitaba en mortales caricias,
el rito de milenios obsecados
tomaba posesión
de cuerpos inconscientes.
Dagas bañadas
por linfa fulgurante,
retorcían los caminos
que recorriste...
el llanto amargo
de tu canto se despide,
enmudecido
por voces estridentes.
El hondo lamento
invade las memorias...
tus piernas ligeras
ya no corren.
tus baladas
no rompen la llanura
y comemos de tu carne,
consciente locura.
Dvaldés
Locura
El hondo lamento,
invade las memorias,
tonadas silenciosas
de fúnebres veranos.
Temprano la mañana
iba despertando,
con ánimos festivos
y llantos sin llorarlos.
Fogatas saciaban
a manos congeladas...
el verdugo llegaba
en caballo negro,
sonriente sus crines
palpitaban el aire,
cordeles sujetaban
pesares del enjambre.
Tu mirada suplicante,
tusco destello,
se agitaba en mortales caricias,
el rito de milenios obsecados
tomaba posesión
de cuerpos inconscientes.
Dagas bañadas
por linfa fulgurante,
retorcían los caminos
que recorriste...
el llanto amargo
de tu canto se despide,
enmudecido
por voces estridentes.
El hondo lamento
invade las memorias...
tus piernas ligeras
ya no corren.
tus baladas
no rompen la llanura
y comemos de tu carne,
consciente locura.
Dvaldés
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