Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Para abrir el mar escribiendo en la arena
es tu nombre,
para salvar las olas que derrumban la piedra y glorifican terrenos,
para conjugar verbos en carne viva, sangrante,
el pellejo que envuelve lo perseguido,
como un viento de onírico paisaje,
despertar buscando tu aliento
entre las ruinosas estatuas, gárgolas,
transpirando sin fuente orgánica,
sin esfuerzo,
más que el de la visión de la distancia.
Y es que todo son distancias,
cuando me enmascaro de negro camuflaje
con tu sombra,
alargada y circunspecta,
sin picos ni contorno,
envolvente, convexa,
como el primer suspiro de la historia,
como el aullido de un lobo,
o la estepa sin lágrimas de sol.
No puedo alejarme, no,
del elixir que sale de tu noche,
donde levanto rocas para esconder mi cabeza,
bajo su color y textura,
poema de las alturas,
el arma inequívoca del cuchillo sin mango
que destruyen mi yo,
me dividen en alas insidiosas.
Aquí quiero quedarme,
en este paisaje igual y equitativo
donde solo la tregua calla y tiñe de blanco tu bandera.
Solo las criaturas que presienten el alba son tu ocaso.
En mis sueños se adueñan de las ventanas,
durante el resplandor llueve mi cuerpo.
es tu nombre,
para salvar las olas que derrumban la piedra y glorifican terrenos,
para conjugar verbos en carne viva, sangrante,
el pellejo que envuelve lo perseguido,
como un viento de onírico paisaje,
despertar buscando tu aliento
entre las ruinosas estatuas, gárgolas,
transpirando sin fuente orgánica,
sin esfuerzo,
más que el de la visión de la distancia.
Y es que todo son distancias,
cuando me enmascaro de negro camuflaje
con tu sombra,
alargada y circunspecta,
sin picos ni contorno,
envolvente, convexa,
como el primer suspiro de la historia,
como el aullido de un lobo,
o la estepa sin lágrimas de sol.
No puedo alejarme, no,
del elixir que sale de tu noche,
donde levanto rocas para esconder mi cabeza,
bajo su color y textura,
poema de las alturas,
el arma inequívoca del cuchillo sin mango
que destruyen mi yo,
me dividen en alas insidiosas.
Aquí quiero quedarme,
en este paisaje igual y equitativo
donde solo la tregua calla y tiñe de blanco tu bandera.
Solo las criaturas que presienten el alba son tu ocaso.
En mis sueños se adueñan de las ventanas,
durante el resplandor llueve mi cuerpo.