Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Ese fango es tan sólido como tu olvido saliendo de mi nuez,
arenas movedizas en las que hundes la cuerda que me ata a tu vida,
no existe la crueldad en el fondo del iris de tus ojos,
como tampoco canta el gallo cuando amanecen témperas en el folio que cubre mi embrión.
Es difícil la ausencia, esta ausencia de mí que compartimos.
Lo que escribe estos versos es una involución del hombre.
Si las cavernas levantasen la cabeza...
Cargo con el menhir, con los hombros, los brazos, el cerebro.
Me arrastro mientras juego con los ojos
-Existen numerosas películas suicidas. Para identificarlas basta con medicarse.
Como el tiempo, la industria farmacéutica y cinematográfica nos revelan el caos.
Muestran una fotografía fotogénica.-,
y lo que me rodea no me arranca la piel, sino que desfibrila mi visión.
Como un ángel salido de mi congelador, la alienación aísla mis sentidos.
A la temperatura ambiente, se derrite mi rostro, mientras esa gran máscara inconsciente
reanima mis pulmones, dentro de algo llamado sociedad,
lo que a pasos gigantes se salta ese robot tímido y ahorcado en una percha,
microchips que le visten de muñeco.
"La negación es solo pasajera, como el cielo, distinto cada día
-Porque no existe espejo para el sol. Así como tú y yo, somos una ilusión,
te escribo tan forzado que la poesía se pone colorada.".