Uffffffffffffffffffffff, niña, ¡tela marinera!. Has elevado la melancolía y el desengaño, y el arranque de furia y determinación, aderezados ambos (la furia y la determinación) con una pincelada de amargura, al ara donde la poesía se viste de gala.
Le décima espinela real, o heroica, así las llamo cuando son en endecasílabos, es soberbia en fondo y forma. Sus ritmos, perfectos, se lee y declama con fluidez, elevándose una hermosa eufonía que es gloria para el oído. Mis aplausos.
El desarrollo, impecable: Presentación en los 4 primeros versos, nudo central (y de antología) en los 3 siguientes, y un cierre que estremece, magnífico, intenso, de antología elevada a la décima potencia, en los 3 últimos. Te vuelvo a aplaudir.
Ese nudo central de 3 versos, con ese primer verso ""¡Maldito sea el don de la empatía"", ufffffffffffffffffff, es, y aunque me repita, de antología poética. Y ese cierre de 3 versos, con ese último verso ""danzar, danzar descalza, por mis penas"", uffffffffffffffff, ¡Madre mía!.
Na, niña, que ya me tienes emocionado, y aquí, y ahora, hinco rodilla en tierra y te rindo pleitesía, pues tan intensa, profunda, emotiva, conmovedora, lírica, y SOBERBIA obra poética la merece, así como la mereces tú, hermosa y sublime poetisa de cuyo corazón, alma, y pluma ha surgido. ¡¡Ea!!, he dicho.
Besos, hermosa flor de las Islas eternas, besos en alas de los vientos.