Asklepios
Incinerando envidias
Fue al procurar ocultar su miedo tras
el dintel de la realidad cuando tropezó,
por primera vez, con sus propias huellas.
Aquellas que un día tomó prestadas de su intimidad.
Comenzaron a aparecer las primeras
grietas y a enfermar su sonrisa.
El terror de la tristeza no tardó en adueñarse de él.
Tanto, que su adicción le delataba por
esa golosa lentitud con la que adornaba
todas sus escusas.
el dintel de la realidad cuando tropezó,
por primera vez, con sus propias huellas.
Aquellas que un día tomó prestadas de su intimidad.
Comenzaron a aparecer las primeras
grietas y a enfermar su sonrisa.
El terror de la tristeza no tardó en adueñarse de él.
Tanto, que su adicción le delataba por
esa golosa lentitud con la que adornaba
todas sus escusas.