BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Muerto en tu nicho de tierra vacío,
miras la dicha con su libro apoyado
en tu frente esponjosa. Tu voz, eco
de un mecanismo programado, esculpe
el bello silencio matemático. Líneas
que inútilmente convergen, latitudes
imprecisas, voracidad de leones en cópula
atildada. No existe lamento que, fúnebre,
cope los intensos árboles del Norte.
Ficticia, la luna emite un sonido como
de lugar cinerario, de urna solitaria.
Aquella voz es un paisaje calcinado,
una bruma excipiente, un vertedero
sumido en su protesta nocturna.
©
miras la dicha con su libro apoyado
en tu frente esponjosa. Tu voz, eco
de un mecanismo programado, esculpe
el bello silencio matemático. Líneas
que inútilmente convergen, latitudes
imprecisas, voracidad de leones en cópula
atildada. No existe lamento que, fúnebre,
cope los intensos árboles del Norte.
Ficticia, la luna emite un sonido como
de lugar cinerario, de urna solitaria.
Aquella voz es un paisaje calcinado,
una bruma excipiente, un vertedero
sumido en su protesta nocturna.
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