Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
En mis palmas resuenan los pecados,
como en un parabrisas las avispas,
mientras entre tus brazos no se escucha ni un alma- Caen tejados rodantes sobre mi encrucijada. Ésa que es horizonte de donde se acarician las iglesias.-,
ni la memoria falla al sentenciarte,
ni el humo dice nada de ceniza.
Te hago un hueco entre trenes descarriados,
la quietud incesante del vapor,
de la nostalgia que huye y que pendula,
lejos, ya demasiado, de la televisión
que me vende postales -Mientras en mi portal olvide tus lentillas, no habrá nada ruidoso entre mandíbulas,
desaparecerá el cuervo que ronda mis zapatillas, como cuando no caben los halcones en un cielo arrugado por la lluvia.-.
"Esa lámpara, antorcha que descuelga el teléfono,
algún día hablará por mis axilas,
la última bocanada del secreto
-Tan sencillo, al igual que oír tu voz,
escueta y sin escote. Un sonido frontal avivará al serrucho recubierto de empastes,
como a la tempestad las osadías y como al
rechinante ladrillo tu cemento de estatua.-.
"Te conozco, y no distingo tu amor de un laberinto -Ondas que visto y calzo, e incluso las atrapo contra la verdad, tabiques que silencian el paso de la historia al porvenir-.