Al dejar Pontevedra, y madrugando,
irradian luz las conchas peregrinas,
y al albor de unas luces matutinas
sus lágrimas el cielo va bordando.
Se moja el suelo de los empedrados:
-la plaza de la leña y la verdura-.
Me acompaña esta lluvia que perdura
y canta alegremente en los tejados.
Atravieso la ría y de repente
me encuentro solitario entre la braña,
Santiago con su abrazo me acompaña
señalando el camino que está enfrente.
Ya en Poio, el Monasterio y su fachada
ocultan de un alero a San Benito
bajo un nicho de piedra ¡Dios bendito!
que protege el Apóstol con su espada.
Sigo en paso silente, peregrino,
extasiado en la playa de Combarro
pues los hórreos callados sobre el barro
con las olas comparten su destino.
Descansando al hogar de una lareira
en albergues que alojan corazones
el romero se inflama de emociones
sabiendo que hoy descansa en la Armenteira.
Cuando el Salnés brumoso del paisaje
en la niebla desviste sus cortinas
las perlas de las uvas cristalinas
me ofrecen su albariño de homenaje.
Ya mirando hacia atrás el peregrino
contempla La Armenteira desde lejos,
y el agua con sus cálidos espejos
sobre el Umia le indican el Camino.
Vilanova es la próxima parada,
caminando en la arena me complace.
La isla me recibe donde nace
el puente que dormita en la ensenada.
Ya por fin el albergue se divisa
de blancura alumbrando la otra orilla
y su pincel de luz, ¡Qué maravilla!
me dibuja en el rostro una sonrisa.
PepeSori
SafeCreative
Octubre 2019
irradian luz las conchas peregrinas,
y al albor de unas luces matutinas
sus lágrimas el cielo va bordando.
Se moja el suelo de los empedrados:
-la plaza de la leña y la verdura-.
Me acompaña esta lluvia que perdura
y canta alegremente en los tejados.
Atravieso la ría y de repente
me encuentro solitario entre la braña,
Santiago con su abrazo me acompaña
señalando el camino que está enfrente.
Ya en Poio, el Monasterio y su fachada
ocultan de un alero a San Benito
bajo un nicho de piedra ¡Dios bendito!
que protege el Apóstol con su espada.
Sigo en paso silente, peregrino,
extasiado en la playa de Combarro
pues los hórreos callados sobre el barro
con las olas comparten su destino.
Descansando al hogar de una lareira
en albergues que alojan corazones
el romero se inflama de emociones
sabiendo que hoy descansa en la Armenteira.
Cuando el Salnés brumoso del paisaje
en la niebla desviste sus cortinas
las perlas de las uvas cristalinas
me ofrecen su albariño de homenaje.
Ya mirando hacia atrás el peregrino
contempla La Armenteira desde lejos,
y el agua con sus cálidos espejos
sobre el Umia le indican el Camino.
Vilanova es la próxima parada,
caminando en la arena me complace.
La isla me recibe donde nace
el puente que dormita en la ensenada.
Ya por fin el albergue se divisa
de blancura alumbrando la otra orilla
y su pincel de luz, ¡Qué maravilla!
me dibuja en el rostro una sonrisa.
PepeSori
SafeCreative
Octubre 2019
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