Joker, 2019

Sherammar

Poeta recién llegado
Hay algo en el Joker que desgarra el alma. Uno sabe que esta persona es un pobre niño encerrado en el cuerpo de un hombre adulto trastornado cuya mente ha vencido la batalla a la biología, a la explosión vital que deberíamos ser cada uno de los seres vivos, al igual que lo son las flores, los leones, las amebas, los virus. Uno se pregunta en qué momento esa sociedad putrefacta, corrompida, corrosiva y amargada ha ganado la batalla al amor, al amor a las cosas simples, al respirar libremente un aire puro, tomando el sol de primavera, resguardados de la lluvia, al mirarse a los ojos con alguien y saber que es tuyo, a los pensamientos puros, que concuerdan con la vida, a la risa enseñando dentaduras perfectas por sanas, al sistema inmunitario que celebra el nacimiento de nuevos seres, a las verdades universales que ya han dejado de serlo, por haber sido interpretadas, a la melancolía verdadera, a la vida.
Uno ve el Joker y sabe que en la historia hay algo de verdad y ve que en las escenas la tristeza que hilvana la trama entera es parte de nuestro derecho robado a disfrutar de la vida. Uno se pone, inevitablemente, del lado del malo, del asesino, del violento, del ser de la vida desastrada, por todos aquellos cuyas vidas son perfectas y felices, tanto que la suya propia se hace absurdamente insoportable.
Ver esta película es un ejercicio de comprensión y de comprehensión: uno entiende la amargura y las razones del ser bondadoso, abocado, obligado al mal, pero a su vez, la historia personal del arquetipo trágico del villano herido de muerte cuya muerte mata, se eleva sobre la propia historia y desgrana la naturaleza oculta del estado actual de nuestra sociedad global. Como en la mítica película Blade Runner, la ciudad sonde se desenvuelve la historia es un personaje más, como lo es el escenario de los sueños en las interpretaciones psicoanalíticas: esa ciudad, en ambas películas, es como el ser viviente, pútrido, agónico y envolvente, corruptor y corrupto a la vez, que transforma seres buenos en malos y que desdibuja la realidad para hacernos creer que no hay nada más que aire oscuro e irrespirable y valores torcidos. Esa ciudad, decía, se eleva sobre la propia historia que se narra y pasa a ser metáfora de una sociedad que ha dejado de ver con los ojos del ser vivo, porque lo vivo se ha apartado, porque los animales se conocen solamente a través de pantallas, los bosques son fotografías en internet y las plantas vienen en macetas. Esta, como la otra, son historias que reflejan en lo que el humano ha convertido el mundo: un lugar donde lo vivo muere y lo bueno termina perdiendo la identidad.
La grandeza de el Joker, con la maravillosa interpretación -desgarradora y patética- del actor que interpreta al protagonista, está, no solamente en la historia que cuenta, profunda como lo es la mente humana, y a la vez simple como lo son las historietas de Batman, sino que reside en haber logrado mimetizarse con la realidad actual de nuestro mundo. Esa mueca a modo de sonrisa que el protagonista, una vez vencido por sus demonios, se dibuja a la fuerza en su cara -pues no puede sonreír, porque le han robado el alma- es el intento que desde los medios y la publicidad se hace, de enmascarar la realidad de un mundo que está siendo espoleado y maltratado, precisamente para lograr poner esas sonrisas inútiles en las caras de gente que ha perdido el sentido verdadero de la vida. La sociedad actual se pone una mueca de sangre para sonreír, por encima de bosques destruidos y de guerras de destrucción masiva.
Si te gusta, sígueme en: https://hechizanteohechizada.blogspot.com/
 
Última edición:
Bienvenida, Sherammar (Ayla Sha) Buen inicio en el portal compartiendo este buen relato que nos ofreces como primicia y muestra de tu obra literaria. Pasé por el blog y me gustaron los temas que leí, CUBA me encantó.

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Mil gracias, así lo haré; escribo en solitario desde que tengo uso de razón, pero quiero sentirme entre otros como yo. Una loba esteparia.
 
Hay algo en el Joker que desgarra el alma. Uno sabe que esta persona es un pobre niño encerrado en el cuerpo de un hombre adulto trastornado cuya mente ha vencido la batalla a la biología, a la explosión vital que deberíamos ser cada uno de los seres vivos, al igual que lo son las flores, los leones, las amebas, los virus. Uno se pregunta en qué momento esa sociedad putrefacta, corrompida, corrosiva y amargada ha ganado la batalla al amor, al amor a las cosas simples, al respirar libremente un aire puro, tomando el sol de primavera, resguardados de la lluvia, al mirarse a los ojos con alguien y saber que es tuyo, a los pensamientos puros, que concuerdan con la vida, a la risa enseñando dentaduras perfectas por sanas, al sistema inmunitario que celebra el nacimiento de nuevos seres, a las verdades universales que ya han dejado de serlo, por haber sido interpretadas, a la melancolía verdadera, a la vida.
Uno ve el Joker y sabe que en la historia hay algo de verdad y ve que en las escenas la tristeza que hilvana la trama entera es parte de nuestro derecho robado a disfrutar de la vida. Uno se pone, inevitablemente, del lado del malo, del asesino, del violento, del ser de la vida desastrada, por todos aquellos cuyas vidas son perfectas y felices, tanto que la suya propia se hace absurdamente insoportable.
Ver esta película es un ejercicio de comprensión y de comprehensión: uno entiende la amargura y las razones del ser bondadoso, abocado, obligado al mal, pero a su vez, la historia personal del arquetipo trágico del villano herido de muerte cuya muerte mata, se eleva sobre la propia historia y desgrana la naturaleza oculta del estado actual de nuestra sociedad global. Como en la mítica película Blade Runner, la ciudad sonde se desenvuelve la historia es un personaje más, como lo es el escenario de los sueños en las interpretaciones psicoanalíticas: esa ciudad, en ambas películas, es como el ser viviente, pútrido, agónico y envolvente, corruptor y corrupto a la vez, que transforma seres buenos en malos y que desdibuja la realidad para hacernos creer que no hay nada más que aire oscuro e irrespirable y valores torcidos. Esa ciudad, decía, se eleva sobre la propia historia que se narra y pasa a ser metáfora de una sociedad que ha dejado de ver con los ojos del ser vivo, porque lo vivo se ha apartado, porque los animales se conocen solamente a través de pantallas, los bosques son fotografías en internet y las plantas vienen en macetas. Esta, como la otra, son historias que reflejan en lo que el humano ha convertido el mundo: un lugar donde lo vivo muere y lo bueno termina perdiendo la identidad.
La grandeza de el Joker, con la maravillosa interpretación -desgarradora y patética- del actor que interpreta al protagonista, está, no solamente en la historia que cuenta, profunda como lo es la mente humana, y a la vez simple como lo son las historietas de Batman, sino que reside en haber logrado mimetizarse con la realidad actual de nuestro mundo. Esa mueca a modo de sonrisa que el protagonista, una vez vencido por sus demonios, se dibuja a la fuerza en su cara -pues no puede sonreír, porque le han robado el alma- es el intento que desde los medios y la publicidad se hace, de enmascarar la realidad de un mundo que está siendo espoleado y maltratado, precisamente para lograr poner esas sonrisas inútiles en las caras de gente que ha perdido el sentido verdadero de la vida. La sociedad actual se pone una mueca de sangre para sonreír, por encima de bosques destruidos y de guerras de destrucción masiva.
Si te gusta, sígueme en: https://hechizanteohechizada.blogspot.com/
Me encantó tu relato, muy bien escrito y muy buen análisis. Sobre esto escribí estas décimas, a ver si te gustan. Sin dudasa iré a tu blog a ver cosas bien escritas. :

Joker.

Ríes por la obligación
que nos impone la prisa
de ser feliz, y la risa
trueca verdad en ficción,
el lamento por canción
en dulce lo que es amargo,
se sueña lo corto, largo
y aunque el dolor nos aflige
la sociedad nos exige
ser felices por encargo.

Ser Feliz, esa es la meta.
Como nueva dictadura,
la vida en nuestra cultura
no se vive, se interpreta.
La tristeza se decreta
inexistente, la paz
se diluye, y cuando vas
quedándote sin cariño
la soledad te hace un guiño…
¡Pero qué contento estás!

Bienvenida y Saludos cordiales.
 

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