Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
La sangre que he alquilado
cuando fuiste enfermera,
vampira, o tubo de laboratorio.
No te he dado nada de mí,
te reduje en todas tus formas
a la horma de mi zapato.
En realidad no es pecado mostrarme como no soy, o como soy, pero sin grúa que descargue mi afilado instinto.
Adivinar, pues, qué tengo para ti,
no deja de ser un pilar en mi poética.
Las campanas de boda han callado
mi palabrería barata.
Sigo sintiendo que tengo que romperme.
No es sencillo saber lo que se cuece para alguien como yo, experto en análisis y desbocado, recreado en la nada que te debo.
No hay respuesta sin mujer.
Y como un grito inmundo entierro mis deseos.
Y como un cementerio me confundo de tumba.
La lista de los muertos...