Coronado Smith
Poeta recién llegado
¡Y AL QUE LE PIQUE...!
En mis pensamientos,
andaba yo de devaneo,
cuando de repente,
vino y se instaló Morfeo,
para enseñarme algo repelente.
Lo que se me mostró,
me dejo atónito y perplejo,
la verdadera realidad,
de un país bastante añejo,
disfrazado de falsa modernidad.
El pueblo apoyando al opresor,
para que vivan como reyes,
a costa de su esfuerzo y sudor,
aderezado a base de leyes,
que solo favorecen al señor.
Sería impensable en otro lugar,
un judío con pijama de rayas,
venerando a un nazi alemán,
o un negro de Louisiana,
comulgando con el Ku Kux Clan.
Pero aquí todo nos da igual,
las gallinas les abren las puertas,
a los zorros de par en par,
y los ratones se ofrecen a los gatos,
para que los puedan cazar.
Los juglares se callan,
si no hay dinero a sonar,
y los trovadores se venden,
sin ningún pudor,
a quien les ofrezca más.
La gente pide respuestas,
para los oídos cerrar,
cuando alguien como yo;
un triste muchacho de pueblo,
las osa contar.
En mis pensamientos,
andaba yo de devaneo,
cuando de repente,
vino y se instaló Morfeo,
para enseñarme algo repelente.
Lo que se me mostró,
me dejo atónito y perplejo,
la verdadera realidad,
de un país bastante añejo,
disfrazado de falsa modernidad.
El pueblo apoyando al opresor,
para que vivan como reyes,
a costa de su esfuerzo y sudor,
aderezado a base de leyes,
que solo favorecen al señor.
Sería impensable en otro lugar,
un judío con pijama de rayas,
venerando a un nazi alemán,
o un negro de Louisiana,
comulgando con el Ku Kux Clan.
Pero aquí todo nos da igual,
las gallinas les abren las puertas,
a los zorros de par en par,
y los ratones se ofrecen a los gatos,
para que los puedan cazar.
Los juglares se callan,
si no hay dinero a sonar,
y los trovadores se venden,
sin ningún pudor,
a quien les ofrezca más.
La gente pide respuestas,
para los oídos cerrar,
cuando alguien como yo;
un triste muchacho de pueblo,
las osa contar.