musador
esperando...
La pachamama doliente
nuevamente se ve herida
por los gringos que a su vida
la pretenden encerrada
en los cerros de la nada
donde vuelva a estar dormida.
Siglos ha que la conquista
estableció jerarquías
fundando sus armonías
en las cepas del racismo
condenando al ostracismo
a los dueños de los días.
De los días, digo bien,
son dueños los campesinos,
de noche sus asesinos
al campo siembran terror:
¡que no coseche el amor
los frutos de sus vecinos!
Llegó sin embargo el día
en que un tal Evo Morales
se escapó de los corrales
levantando las banderas
que en el sudor de las eras
supieron ser nacionales.
Temblorosa democracia
que a veces pares belleza,
¿qué caminos de extrañeza
buscaste para lograr
esta florcita sin par
en medio de la maleza?
De flor no tacho a Morales,
lo haría ruborizar,
sino a la alquimia o azar
con que su candidatura
tuvo la rara ventura
de llegarse a realizar.
Fueron años exitosos
de mucho tira y afloje,
el que la oreja le moje
al imperio, ha de pagar
muy duro para avanzar
sin tener quien lo despioje.
También hubo, ¿cómo no?,
varios tejes y manejes,
doblando a veces los ejes
para evitar que se quiebren
y que los fachos celebren
la ruina de los herejes.
Y así llegamos al hoy,
que con la biblia en la mano
quiso cortar por lo sano
salvando la podredumbre
que la indiada en muchedumbre
lograba volcar al llano.
Otra vez la patria grande
sufriendo un golpe de estado
con el imperio a su lado
y la meta en el despojo,
como el toro que ve rojo
se ensañan con lo sagrado.
Sagrado quise decir,
que aunque no hay nada de dios
sagrada es aquella voz
que hoy resuena desde El Alto,
reclamando por asalto
La Paz con penuria atroz.
Termino aquí con la rabia
que se nutre en mi impotencia,
lejos está de mi ciencia
encontrar explicación:
uno más en el montón
será mi grito de ausencia.
nuevamente se ve herida
por los gringos que a su vida
la pretenden encerrada
en los cerros de la nada
donde vuelva a estar dormida.
Siglos ha que la conquista
estableció jerarquías
fundando sus armonías
en las cepas del racismo
condenando al ostracismo
a los dueños de los días.
De los días, digo bien,
son dueños los campesinos,
de noche sus asesinos
al campo siembran terror:
¡que no coseche el amor
los frutos de sus vecinos!
Llegó sin embargo el día
en que un tal Evo Morales
se escapó de los corrales
levantando las banderas
que en el sudor de las eras
supieron ser nacionales.
Temblorosa democracia
que a veces pares belleza,
¿qué caminos de extrañeza
buscaste para lograr
esta florcita sin par
en medio de la maleza?
De flor no tacho a Morales,
lo haría ruborizar,
sino a la alquimia o azar
con que su candidatura
tuvo la rara ventura
de llegarse a realizar.
Fueron años exitosos
de mucho tira y afloje,
el que la oreja le moje
al imperio, ha de pagar
muy duro para avanzar
sin tener quien lo despioje.
También hubo, ¿cómo no?,
varios tejes y manejes,
doblando a veces los ejes
para evitar que se quiebren
y que los fachos celebren
la ruina de los herejes.
Y así llegamos al hoy,
que con la biblia en la mano
quiso cortar por lo sano
salvando la podredumbre
que la indiada en muchedumbre
lograba volcar al llano.
Otra vez la patria grande
sufriendo un golpe de estado
con el imperio a su lado
y la meta en el despojo,
como el toro que ve rojo
se ensañan con lo sagrado.
Sagrado quise decir,
que aunque no hay nada de dios
sagrada es aquella voz
que hoy resuena desde El Alto,
reclamando por asalto
La Paz con penuria atroz.
Termino aquí con la rabia
que se nutre en mi impotencia,
lejos está de mi ciencia
encontrar explicación:
uno más en el montón
será mi grito de ausencia.