1. He leído varios comentarios cuya sustancia se basa en la descalificación de Evo Morales como dirigente democrático. Cabe decir que Evo Morales condujo un proceso de trece años de estabilidad democrática en un país donde esto es bastante excepcional, aunque hay antecedentes. Pero, además, la democracia no es un concepto vacío, no es solo un asunto formal. El proceso dirigido por Evo se caracterizó por el sostenido crecimiento económico y la redistribución de la riqueza, promoviendo la mayor inserción social, política y cultural de grandes masas de marginados. Si para muestra basta un botón, mencionaré que la tasa de analfabetismo en Bolivia se redujo, en solo 12 años, del 13% al 2.4% (¡educar al soberano!, decía Sarmiento). No abundaré en más cifras porque cualquiera puede verlas en internet.
Es cierto que la hegemonía electoral del MAS en los últimos años se basó, quizás excesivamente, en la popularidad de Evo Morales. Aparentemente no lograron promover nuevos dirigentes indígenas que pudieran ocupar su lugar. No creo que Morales tenga ambiciones de perpetuación en el poder, como alguien dijo; su verdadera ambición es, sin duda, dar continuidad a este proceso de democratización profundo. Ha sido acompañado en esto, desde un discreto segundo lugar, por un intelectual de la talla de Álvaro García Linera.
En el 2016 tuvo lugar en Bolivia el reférendum constitucional, donde se propuso levantar la restricción de solo dos períodos consecutivos para la presidencia. Esta propuesta de ampliación fue derrotada por el 2% de los votos, tras una campaña sucia que incluyó la mentira acerca de un presunto hijo ilegítimo de Evo Morales. El MAS apeló entonces al Tribunal Constitucional, obteniendo finalmente la posibilidad de presentarse a una nueva reelección. Curiosamente, esta opción fue saludada positivamente, en ese momento, por Luis Almagro, secretario de la OEA de triste papel en los últimos días.
¿Fueron argucias legales? Sí, creo que lo fueron. Pero argucias legales en el contexto democrático, no fuera de él.
2. Si para comentar el golpe de estado en Bolivia nos limitamos a la crítica de la gestión de Morales, parecería que justificamos cualquier medio para terminar con ella. No solo las fuerzas armadas bolivianas (esencialmente la policía y el ejército) han forzado la renuncia de Morales: también han tolerado, desde las elecciones hasta el golpe, la acción de bandas fascistas armadas, encabezadas por Camacho, que empezaron atacando locales electorales para seguir persiguiendo a dirigentes del MAS, quemando casas, etcétera. Además, han investido como presidenta de Bolivia a la vicepresidenta segunda del Senado, ignorando toda formalidad parlamentaria (lo hicieron sin quórum, dado que impidieron la entrada de los parlamentarios del MAS, que tiene mayoría en ambas cámaras). La represión al alzamiento popular pacífico causado por estas medidas ha provocado ya quince muertos. Tanto Camacho como Áñez (la designada presidenta) avalan su extremismo con la Biblia.
3. A pesar de su espectacular crecimiento en los últimos años, Bolivia sigue siendo, desde el punto de vista económico, uno de los países más retrasados de América Latina. Su economía se basa en gran medida en la explotación de minerales, en menor medida en el agro. En los últimos años Bolivia no ha sufrido episodios de violencia como los que aquejan a otros países latinoamericanos, como México.
4. El presidente depuesto obtuvo, el 20 de octubre, el 47% de los votos, contra el 36% del segundo (cifras redondeadas). La constitución boliviana exige una diferencia mayor del 10% para evitar el ballotage. Estas cifras del escrutinio fueron avaladas de una curiosa manera por la auditoría de la OEA. La OEA puso en duda los resultados, reclamando nuevas elecciones; Evo Morales los invitó a auditar los resultados; a pesar de que la auditoría se hizo con toda la mala leche del caso, solo pudo detectar irregularidades en el 0.22% de las urnas; a pesar de que esto entra dentro de la normalidad estadística, el informe preliminar de la OEA insistió en recomendar nuevas elecciones; Evo Morales accedió a este reclamo, pero al poco rato fue forzado a renunciar por el comandante de las fuerzas armadas.
Desconociendo los resultados de la auditoría de la OEA, su secretario general denunció días después el fraude en las elecciones. El arte de la mentira alcanza límites surreales a veces.
Agradezco a todos los que han comentado su aporte: no deja de ser este un medio interesante de ver como repercuten los hechos en el mundo.
abrazo
Jorge