Miguel Mercurio
Poeta recién llegado
Resulten vuestras telas complejas o sencillas
y cualesquiera sean vuestros patrios colores,
envolvéis unos sueños detrás de las costillas,
de la testa y del cuerpo conquistáis los humores.
Delante de vosotras se pliegan de rodillas
los ricos y los pobres, los siervos y señores,
que frente a vuestros hilos olvidan sus rencillas
cantando al unísono sus comunes valores.
Deberíais saber, banderas luminosas
revestidas con laurel y anchas ropas de seda,
regusto de licor en las bocas orgullosas,
¡cuántos huesos caídos aplasta vuestra rueda!
¡cuánta carne se pierde, qué de almas valerosas!
¡cuánta sangre esparcida, qué silencio nos queda!
y cualesquiera sean vuestros patrios colores,
envolvéis unos sueños detrás de las costillas,
de la testa y del cuerpo conquistáis los humores.
Delante de vosotras se pliegan de rodillas
los ricos y los pobres, los siervos y señores,
que frente a vuestros hilos olvidan sus rencillas
cantando al unísono sus comunes valores.
Deberíais saber, banderas luminosas
revestidas con laurel y anchas ropas de seda,
regusto de licor en las bocas orgullosas,
¡cuántos huesos caídos aplasta vuestra rueda!
¡cuánta carne se pierde, qué de almas valerosas!
¡cuánta sangre esparcida, qué silencio nos queda!
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