Siguen siendo tuyo
los latidos de mi pluma,
las horas que se quiebran
en las noches insomnes.
Las copas de versos
escritos en mil colores
y con texturas variadas.
Brillantes y apasionadas.
Opacas, taciturnas y nostálgica.
Te seguirán perteneciendo...
mi sonrisa que en silencio
besa el mar detrás de tu montaña
y acaricia la bahía de tu espalda.
Sé que muerdes intensamente tus labios
que me desean y me extrañan,
pero por temor al qué dirán
callas tus te quiero y ni me nombran.