Morgan H.Yabar
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tras la absurda mirada,
No hay nada.
Al crujir de la madera
el aliento también se despedaza.
Y la fuga perversa
como una bella enredadera
jugando al paraíso
retorciendo los ojos de escalera.
Y luego, el incauto precipicio;
donde los colores
pierden sus pigmentos;
donde los sueños
crepitan con el fuego
que los marchita.
la absurda mirada,
lejana,
haciéndose polvo;
también en el alma.
No hay nada.
Al crujir de la madera
el aliento también se despedaza.
Y la fuga perversa
como una bella enredadera
jugando al paraíso
retorciendo los ojos de escalera.
Y luego, el incauto precipicio;
donde los colores
pierden sus pigmentos;
donde los sueños
crepitan con el fuego
que los marchita.
la absurda mirada,
lejana,
haciéndose polvo;
también en el alma.