Isaías Súvel
Me gusta más el seudónimo ARREBATADO DE TERNURA.-
EN FUNCIÓN DE TI
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Como una ecuación lineal:
simple, llana, aritmética;
que se prolonga recta;
en función de una sola alma
pues éramos una sola alma
en nuestros besos,
y de una sola sangre
pues éramos una sola sangre
en nuestras caricias;
día tras día,
siempre al despertar.
Nuestro amor era llano,
fácil,
espontáneo y simple:
mi querer,
tu querer;
mi volar,
tu volar.
Y los días pasaron.
Y el encuadramiento,
el apuro del tiempo,
la encuadración,
la vorágine,
el apuro del día,
las vivencias,
el régimen del tiempo,
y los compromisos:
nuetros compromisos;
Y los ojos traidores,
que se abrieron por ahí,
y que abrieron puertas
a visiones,
extrañas y negras;
y a otros anhelos.
Hicieron del querer
una función cuadrática,
una ecuación mayor:
exponencial.
Dónde no sumábamos
no aunábamos
risas ni ensueños,
si no que multiplicábamos
geométricamente,
distancias
y desvelos.
Ya no éramos uno,
si no que dos.
Y en función de dos:
ahora dos almas;
que navegaban
por dos aguas,
subrepticias, subterráneas.
Por dos sangres,
tan rojizas como profanas
era nuestro existir.
Por tus intereses
y por mis intereses.
Por tus sueños,
y por mis sueños.
Ya no éramos uno,
si no que dos.
Y la parábola se hizo grande
y se nos fue a las nubes.
Se prolongó.
Y como dos asíntotas:
líneas crueles
que jamás se unen,
nuestras vidas quedaron
y viajaron
sin tocarse;
y nuestras almas
no se juntaron más,
nunca más.
Pero aún con todo eso:
con el tedio y la traición;
vivo en función de ti;
sueño en función de ti
en la nebulosa del tiempo,
como un sagrado vínculo,
como un sacramento.
Santo sacramento,
vicario, papal.
¿Casi, casi
por la eternidad?.
De parte mía nunca lo sabré,
no lo sabré jamás.
&&&&&&
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Como una ecuación lineal:
simple, llana, aritmética;
que se prolonga recta;
en función de una sola alma
pues éramos una sola alma
en nuestros besos,
y de una sola sangre
pues éramos una sola sangre
en nuestras caricias;
día tras día,
siempre al despertar.
Nuestro amor era llano,
fácil,
espontáneo y simple:
mi querer,
tu querer;
mi volar,
tu volar.
Y los días pasaron.
Y el encuadramiento,
el apuro del tiempo,
la encuadración,
la vorágine,
el apuro del día,
las vivencias,
el régimen del tiempo,
y los compromisos:
nuetros compromisos;
Y los ojos traidores,
que se abrieron por ahí,
y que abrieron puertas
a visiones,
extrañas y negras;
y a otros anhelos.
Hicieron del querer
una función cuadrática,
una ecuación mayor:
exponencial.
Dónde no sumábamos
no aunábamos
risas ni ensueños,
si no que multiplicábamos
geométricamente,
distancias
y desvelos.
Ya no éramos uno,
si no que dos.
Y en función de dos:
ahora dos almas;
que navegaban
por dos aguas,
subrepticias, subterráneas.
Por dos sangres,
tan rojizas como profanas
era nuestro existir.
Por tus intereses
y por mis intereses.
Por tus sueños,
y por mis sueños.
Ya no éramos uno,
si no que dos.
Y la parábola se hizo grande
y se nos fue a las nubes.
Se prolongó.
Y como dos asíntotas:
líneas crueles
que jamás se unen,
nuestras vidas quedaron
y viajaron
sin tocarse;
y nuestras almas
no se juntaron más,
nunca más.
Pero aún con todo eso:
con el tedio y la traición;
vivo en función de ti;
sueño en función de ti
en la nebulosa del tiempo,
como un sagrado vínculo,
como un sacramento.
Santo sacramento,
vicario, papal.
¿Casi, casi
por la eternidad?.
De parte mía nunca lo sabré,
no lo sabré jamás.
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