coral
Una dama muy querida en esta casa.
Extraño a Rosita Mi madre
¡Ay! cuan inocente se ve,
sentada mirando a través
de los cristales, con mirada gris,
lejanas sus pupilas
y párpados caídos sin percibir la brisa;
se encuentra tan lejana, ya nada lo comprende,
sólo mil suspiros que escapan de su pecho.
Todo se le oculta, hasta la misma muerte
para que sus días sigan como siempre,
mirando las aves recoger migajas
y sus pensamientos volando
quizás en otro plano.
para que sus días sigan como siempre,
mirando las aves recoger migajas
y sus pensamientos volando
quizás en otro plano.
¡Ay! como me duele, sólo recordarla
-antes seductora-, correr por el mundo
siempre emprendedora.
¡Como nos cuidaba aquella gran matrona!
con ojos tan profundos
y siempre preocupada.
-antes seductora-, correr por el mundo
siempre emprendedora.
¡Como nos cuidaba aquella gran matrona!
con ojos tan profundos
y siempre preocupada.
¡Ay! cuanto yo te extraño,
mi dulce madre;
me diste todo el tiempo,
yo... apenas segundos.
Hoy te veo niña, pequeña e indefensa,
cargando con los años de duros desengaños
y yo aquí... esperando tan triste y solitaria
queriendo sentir de nuevo
el arrullo en tus brazos.
mi dulce madre;
me diste todo el tiempo,
yo... apenas segundos.
Hoy te veo niña, pequeña e indefensa,
cargando con los años de duros desengaños
y yo aquí... esperando tan triste y solitaria
queriendo sentir de nuevo
el arrullo en tus brazos.
¿Cómo no extrañarla si es ella mi madre?
¿Cómo no decirle que tanto yo la amo?
¿Cómo no querer estar entre sus brazos?
si hace mucho tiempo,
no siento las caricias de unas manos tibias,
para que me sostengan y me den fuerza
para seguir luchando como solía ella.
¿Cómo no decirle que tanto yo la amo?
¿Cómo no querer estar entre sus brazos?
si hace mucho tiempo,
no siento las caricias de unas manos tibias,
para que me sostengan y me den fuerza
para seguir luchando como solía ella.
Prudencia Arenas
Coral
Coral
Última edición:
::