José Ignacio Ayuso Diez
Epicuro y la ataraxia, sin miedos ...
¡Adiós pequeña!
Huérfana de insensatos y orates.
Corre, vuela, cruza ese arco,
esa puerta aún abierta.
No mires atrás y despega,
emprende sola el vuelo.
No lleves equipaje ni lastres de este mundo.
La Tierra está muy enferma, poco o nada le queda.
Nosotros, los que decimos amarte, amarla,
la envenenamos conscientemente,
a sabiendas de que su muerte
hará que tú te alejes para siempre.
No mi amor, no mires atrás,
ni arranques flores vivas
para la losa inerte de esta tumba.
No mi amor, no llores,
no nos merecemos una sola lágrima tuya,
lo que sí nos merecemos
es el flagelo eterno
de pena y amargura.
¡Adiós pequeña!
Corre, vuela… sálvate.
José I.