Troto
Pablo Romero Parada
El cuerpo era de roca suave,
y de piel que se encrespa,
y de silencio, y de vacío.
Los ojos, negros y grandes,
como platillos volantes
mirándote el alma.
Su alma, no sé si callada
o si sorda la mía. Aunque
me la imagino preciosa
por el deleite de su silencio.
Y su aroma, ya no lo recuerdo.
Tampoco recuerdo ya esos días
en los que me decía "te quiero"
ni esos otros en los que mi pecho
se afligía pensando en su recuerdo.
Supongo que la olvidé,
con todo lo malo que ello conlleva.
y de piel que se encrespa,
y de silencio, y de vacío.
Los ojos, negros y grandes,
como platillos volantes
mirándote el alma.
Su alma, no sé si callada
o si sorda la mía. Aunque
me la imagino preciosa
por el deleite de su silencio.
Y su aroma, ya no lo recuerdo.
Tampoco recuerdo ya esos días
en los que me decía "te quiero"
ni esos otros en los que mi pecho
se afligía pensando en su recuerdo.
Supongo que la olvidé,
con todo lo malo que ello conlleva.
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