Simplemente me dejo abrazar
por las alas grisáceas de la nostalgia.
Mis manos se quiebran lentamente
al izar mi sonrisa en el mástil de la aflicción.
Vuelan las cenizas de las horas que ardían
en las doradas hendiduras de mi rostro
que feliz me hacía sentir al observarte
noches tras noches y días tras días.
La lluvia dilata la tristeza en mis pupilas.
En mi pecho se desvanece la esperanza
y se deshace en trocito mi corazón.
Igual que estos versos que hoy lloran por vos.