BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Donde las viejas alcancías
muestran sus encías sonrosadas,
y un litro de sangre electrifica
la constancia de los números sacrificados.
Allí, hay sonidos de gotas residuales,
lluvias aproximadas que vencen el tedio
de los cobertizos ilegales, y una sábana
que cubre la sexualidad indómita de los ídolos.
Patrones oscuros rectifican la esclavitud
de sus alas, y un anciano interroga por
la ceguera de los armarios.
Donde se introducen cuerpos con óxido
en los labios, los besos son secundarios,
y la polilla del amanecer garantiza ondulaciones.
Allí, hay mausoleos a la desdicha, campos
obligatorios, estelas de vapor como números,
silogismos que embisten con su tenacidad de
dientes de sierra.
Allí hay manómetros discursivos, proclamaciones
libidinosas, desnutridos herederos de la venganza,
y un millar de cuerpos que asolan la franja de los ríos.
Yo mientras paseo solo por las avenidas de los árboles,
donde se escucha
un triste sonido opaco de campanas-.
©
muestran sus encías sonrosadas,
y un litro de sangre electrifica
la constancia de los números sacrificados.
Allí, hay sonidos de gotas residuales,
lluvias aproximadas que vencen el tedio
de los cobertizos ilegales, y una sábana
que cubre la sexualidad indómita de los ídolos.
Patrones oscuros rectifican la esclavitud
de sus alas, y un anciano interroga por
la ceguera de los armarios.
Donde se introducen cuerpos con óxido
en los labios, los besos son secundarios,
y la polilla del amanecer garantiza ondulaciones.
Allí, hay mausoleos a la desdicha, campos
obligatorios, estelas de vapor como números,
silogismos que embisten con su tenacidad de
dientes de sierra.
Allí hay manómetros discursivos, proclamaciones
libidinosas, desnutridos herederos de la venganza,
y un millar de cuerpos que asolan la franja de los ríos.
Yo mientras paseo solo por las avenidas de los árboles,
donde se escucha
un triste sonido opaco de campanas-.
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