Soy aprendiz de poeta, ciudadano de a pie, no un político, ni un diletante polemista, ni un teórico de las ciencias sociales. Pero con todo respeto, veo en esas palabras un enfoque eurocentrista del fenómeno violencia. Que quede claro: No se trata de defender grupos violentos por ansias de poder, dinero, ideas “independentistas” por motivos supremacistas o económicos, ni siquiera son defendibles algunas guerrillas o grupos armados intoxicadas con narcos condenados todos al fracaso por su ambición, escasa visión y torpeza política. Se trata de que para mí no es igual Ho Chi Minh, que los yanquis matando 4 millones de vietnamitas.
Como no es igual el tercer mundo visto desde la vieja y culta Europa, por mucho que Vargas Llosa nos lo cuente muy tendenciosa y magistralmente escrito en sus artículos en El País. En Colombia y otros países se asesina a los líderes sociales a tiro limpio, (gozando de la total impunidad del gobierno de turno, pero los poderosos y sus medios hipócritas no los acusan de violar derechos humanos, ni se les dictan sanciones o bloqueos, si acaso alguna declaración bien flojita, para que no se molesten los señores presidentes). Desde Europa y desde las capitales latinoamericanas a quienes levanten la cabeza contra tales desmanes se les destruye con artículos de “expertos politólogos”, la fuerza de la TV y los medios masivos de comunicación. Se equipara la violencia del abusador con el de la víctima. Se esfuerzan en borrar en las personas las ideas de que las revoluciones o cambios sociales son necesarios cuando la opresión es inmensa y las leyes están hechas por los oligarcas para su bienestar, y el mantenimiento del status quo. Pero repito, no es igual con guitarra que con violín. El mundo no es tan bello, ni es justo todo lo legal. No culpo a nadie por pensar diferente. No se aprecia lo mismo desde Madrid o Paris con miles de años de cultura y sociedad, que desde El Quiché en Guatemala. He visto con mis ojos los campos de Centroamérica. Pobreza extrema, analfabetismo, insalubridad generalizada, abusos sin límites. Eso es violencia institucionalizada, respaldada por leyes creadas al efecto. Para las oligarquías quien no esté de acuerdo o es populista, o comunista, o al menos un inadaptado social, y hay que igualarlo al vulgar delincuente,(que también pulula), judicializar sus protestas, en fin hacerlo entrar por el aro, estigmatizarlo con los mecanismos creados en manos de quienes dirigen el juego de la falsa democracia. O simplemente eliminarlo. Para muchos pobres o indígenas, entonces aplica lo de la canción: “sólo hay dos formas de estar: o bien cogiendo el martillo, o bien dejándose dar”. O escapar en una caravana de emigrantes con su mujer e hijos para buscar un futuro mejor. Y si alguna vez van a la política y llegan a tener alguna cuota de poder a pesar de esas reglas, entonces hay que quitarlos a como sea, desprestigiarlos, combatirlos por “corruptos”, o por mujeriegos, o por abuso animal. Algo se inventa, que para eso sobran paparazis y periodistas ávidos de escalar y dar un “palo” para ganar unos buenos pesos.
“ Si se condena la violencia de unos, se debe condenar la violencia de otros”. Increíble. No existen héroes, el mismo cuento del fin de la historia de Fukuyama. No existe el bien ni el mal. Se iguala a Hitler con el ejército rojo y los aliados que liberaron a Europa de la peste parda del fascismo. Y al violador, con la mujer que encerró a la fuerza y la hizo víctima de sus vejámenes, que al fin logra salir de él dándole un palo en la cabeza.
Pero no. No se puede engañar así a todo el mundo igualando todo tipo de violencia. Por mucho que la Wikipedia se perfeccione. El sur también existe como dicen Serrat y Sabina. Y hay que saber distinguir cuáles son las causas que la generan. No es igual la violencia del judío prisionero en Buchenwald que trató de matar al soldado hitleriano que lo conducía a la cámara de gas, que la de las hordas fascistas que impulsaron el holocausto. Los humillados, sí deben rebelarse. Sí hay héroes y villanos. Sí hay que venerar, a Martí, y a Maceo, que se lanzaron a buscar la libertad y la justicia con el filo del machete, impulsados por una violencia que bien valía la pena. Sí han existido héroes. Sí existe la verdad.
¿A quién conviene y ocupa ese otro tipo de pensamiento que lo niega todo con sofismas? A mí no, por supuesto. Soy como dijo el poeta, “nieto, bisnieto, tataranieto de un esclavo. ¡Que se avergüence el amo!”
Estoy convencido que este tipo de debate no tiene ninguna utilidad. Ninguna parte hace a la otra cambiar de ideas, y se convierte en un ejercicio estéril, por lo que no habrá por mi parte más réplicas.