Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PAISAJES. DIANA III
En el fondo de tus ojos se mece
el dormitar de un paisaje que crece,
en el abismo de los siniestros parajes,
que abren a las bocas los pajes.
Suplicantes bajo las camas,
están esperando los sueños.
Donde sólo nace una sombra,
viene otra sombra más grande,
engulle aquello que ya paso
en el claro de una espalda desnuda,
desfallece el desgarro y se siente,
como busca tumba, la lágrima de un verso.
Converge entre el negro de un espacio
y el rojo oscuro de unos labios,
la dulce guerrera, que observa al averno excitado,
proles de santos, vagan sin mantos blancos.
De la Luna cae una lágrima,
que limpia tus manos, Diana.
En el altar de los girasoles se abre,
alas de mariposa, en último suspiro,
Cazadora, la recogió de entre los bosques,
desgrana la muerte en un silencio dulce,
gárgolas inertes que no salen del asombro,
al ver sus pechos desnudos, tatuados de amores.
En el fondo de tus ojos se mece
el dormitar de un paisaje que crece,
en el abismo de los siniestros parajes,
que abren a las bocas los pajes.
Suplicantes bajo las camas,
están esperando los sueños.
Donde sólo nace una sombra,
viene otra sombra más grande,
engulle aquello que ya paso
en el claro de una espalda desnuda,
desfallece el desgarro y se siente,
como busca tumba, la lágrima de un verso.
Converge entre el negro de un espacio
y el rojo oscuro de unos labios,
la dulce guerrera, que observa al averno excitado,
proles de santos, vagan sin mantos blancos.
De la Luna cae una lágrima,
que limpia tus manos, Diana.
En el altar de los girasoles se abre,
alas de mariposa, en último suspiro,
Cazadora, la recogió de entre los bosques,
desgrana la muerte en un silencio dulce,
gárgolas inertes que no salen del asombro,
al ver sus pechos desnudos, tatuados de amores.
Juanjota.
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