BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se van quedando
solas las tierras.
Sin madres, oídos,
sin ojos, sin nadie.
Se mueren los tallos
mortecinos
en los escombros de la arena.
Brilla astuta, en la acequia,
la antigua culebra negra.
Desdibujándose, pasan
veloces los árboles y las casas.
Casi como si nada, ni siquiera,
paisaje fueran.
Desgañitándose, un chaval
anda quebrando los oídos
de la gente, quemando
el sonido criminal de las copas
polvorientas.
En las estaciones, asesinos de traje
gandulean y exacerban los nervios
duros de la tarde-.
©
solas las tierras.
Sin madres, oídos,
sin ojos, sin nadie.
Se mueren los tallos
mortecinos
en los escombros de la arena.
Brilla astuta, en la acequia,
la antigua culebra negra.
Desdibujándose, pasan
veloces los árboles y las casas.
Casi como si nada, ni siquiera,
paisaje fueran.
Desgañitándose, un chaval
anda quebrando los oídos
de la gente, quemando
el sonido criminal de las copas
polvorientas.
En las estaciones, asesinos de traje
gandulean y exacerban los nervios
duros de la tarde-.
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