MARIO CUADROS
Intento de poeta
Hoy fui Dios por un día,
y creé una pradera en su espalda.
Albergué conejos en sus muslos,
que escarbaron
hasta alojarse en sus huesos.
La noche, la formé de sus silencios;
las estrellas de sus ideas.
Puse lluvia en su mirada
inspirada de sus miedos,
y así formé un riachuelo
que cruzaba por sus senos.
El agua era cristalina y dulce,
y surcaba hasta el ocaso,
que eran sus pies.
Coloqué montañas empinadas
en sus caderas,
halcones anidaban en sus nalgas,
tomé su esperanza y la volví el horizonte.
Volví nubes sus ojos,
que se tornaban arrebol
porque ahora el sol
nacía por su frente.
Llené de vida su cintura,
y su boca de muerte.
Por último,
me volví luna
para que siempre me mire.
Hoy fui Dios por un día,
hice lo que quise.
y creé una pradera en su espalda.
Albergué conejos en sus muslos,
que escarbaron
hasta alojarse en sus huesos.
La noche, la formé de sus silencios;
las estrellas de sus ideas.
Puse lluvia en su mirada
inspirada de sus miedos,
y así formé un riachuelo
que cruzaba por sus senos.
El agua era cristalina y dulce,
y surcaba hasta el ocaso,
que eran sus pies.
Coloqué montañas empinadas
en sus caderas,
halcones anidaban en sus nalgas,
tomé su esperanza y la volví el horizonte.
Volví nubes sus ojos,
que se tornaban arrebol
porque ahora el sol
nacía por su frente.
Llené de vida su cintura,
y su boca de muerte.
Por último,
me volví luna
para que siempre me mire.
Hoy fui Dios por un día,
hice lo que quise.
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