Spasst
Poeta asiduo al portal
El castaño de tus ojos que enciende,
senda en la mirada de poetisa,
brilla en su encuentro y enaltece,
hasta airada en chispas sintoniza.
Respira y un paso retrocede.
Su morena piel se consagra,
ondea el cabello sin que enrede,
sus facciones a propósito tapa,
esconde de a ocho el pendiente.
Da otro paso hacia atrás y se para.
Entre un vestido negro se prueba,
luce entre tirantes su facha,
frágiles sus brazos descuelga,
entre sus dedos los anillos descansan.
Anda un paso de espaldas y espera.
Enseña los tacones en la bota,
llegando hasta la rodilla su tela,
con sus cantos que a priori entona,
termina en mutis la estrella.
Retrocede un paso, pisando fuerte la lona.
Guarda silencio y no hay despedida,
en incertidumbre solo empeora,
cruel castigo que se lleva la vida,
y un alma que no medica y muere sola.
Si no conoce, ni con ayuda diagnostica,
será el día, y no la noche, quien cure sus heridas.
senda en la mirada de poetisa,
brilla en su encuentro y enaltece,
hasta airada en chispas sintoniza.
Respira y un paso retrocede.
Su morena piel se consagra,
ondea el cabello sin que enrede,
sus facciones a propósito tapa,
esconde de a ocho el pendiente.
Da otro paso hacia atrás y se para.
Entre un vestido negro se prueba,
luce entre tirantes su facha,
frágiles sus brazos descuelga,
entre sus dedos los anillos descansan.
Anda un paso de espaldas y espera.
Enseña los tacones en la bota,
llegando hasta la rodilla su tela,
con sus cantos que a priori entona,
termina en mutis la estrella.
Retrocede un paso, pisando fuerte la lona.
Guarda silencio y no hay despedida,
en incertidumbre solo empeora,
cruel castigo que se lleva la vida,
y un alma que no medica y muere sola.
Si no conoce, ni con ayuda diagnostica,
será el día, y no la noche, quien cure sus heridas.
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