Ricardo Leon De las Salas
Poeta fiel al portal
Cuando las primeras gotas
sorprendieron el fuego de la vida
las raíces ya morían de sed.
Abiertos los ojos
te bajaste del cielo
y empezaste la lenta travesía
del reencuentro.
A los cristales de tu rostro
le nacieron alas
y su celaje dibujó
los cuatro puntos del camino.
Fue entonces cuando
tus cálida piel me decidió abrigarme
oh, esperada Hada de mis ensueños
y tu fogosa manzana
se apoderó de mí
como se apodera la fruta madura
de unos labios
la suave y pulposa fruta
de quien extasiado
la gusta y la regusta.
Si tú no hubieras bajado de aquella nube
no existiría el dulce martirio de la espera
del ir y venir
del marchar y volver
pero tampoco
el latente aliciente
de desearnos, amarnos y entregarnos
el uno al otro
como si siempre fuera
nuestro primer y último encuentro:
dos cuerpos
dos almas
que con todo y todo
se aman
proclamándose bendecidos
cuando hacen el amor!
sorprendieron el fuego de la vida
las raíces ya morían de sed.
Abiertos los ojos
te bajaste del cielo
y empezaste la lenta travesía
del reencuentro.
A los cristales de tu rostro
le nacieron alas
y su celaje dibujó
los cuatro puntos del camino.
Fue entonces cuando
tus cálida piel me decidió abrigarme
oh, esperada Hada de mis ensueños
y tu fogosa manzana
se apoderó de mí
como se apodera la fruta madura
de unos labios
la suave y pulposa fruta
de quien extasiado
la gusta y la regusta.
Si tú no hubieras bajado de aquella nube
no existiría el dulce martirio de la espera
del ir y venir
del marchar y volver
pero tampoco
el latente aliciente
de desearnos, amarnos y entregarnos
el uno al otro
como si siempre fuera
nuestro primer y último encuentro:
dos cuerpos
dos almas
que con todo y todo
se aman
proclamándose bendecidos
cuando hacen el amor!