Como las manos siembran aún en la sequía
de aquel amor en lluvias bendecidas
ya nada sostiene sus raíces pristinas
más que una esperanza casi mortecina
como las manos siembran aún en la sequía.
En las miradas desangeladas, sin sol ni abrigos
la noche es infinita en su agonía
de lentas remembranzas que caen silentes
en las miradas desangeladas, sin sol ni abrigos.
O, en el silencio de la poesía que desgarra y oprime...
buscando lo socavado que medra
en la tristeza del páramo renacido
o, en el silencio de la poesía que
desgarra y oprime.
¿Dime, corazón, dime dónde se aloja
el amor que tan alto de luz cantaba?
Oh, corazón, otrora tan feliz, tan saltarín,
tan rebosante de alegría...
¿Dime, dime dónde se aloja
el amor que tan alto de luz cantaba?
de aquel amor en lluvias bendecidas
ya nada sostiene sus raíces pristinas
más que una esperanza casi mortecina
como las manos siembran aún en la sequía.
En las miradas desangeladas, sin sol ni abrigos
la noche es infinita en su agonía
de lentas remembranzas que caen silentes
en las miradas desangeladas, sin sol ni abrigos.
O, en el silencio de la poesía que desgarra y oprime...
buscando lo socavado que medra
en la tristeza del páramo renacido
o, en el silencio de la poesía que
desgarra y oprime.
¿Dime, corazón, dime dónde se aloja
el amor que tan alto de luz cantaba?
Oh, corazón, otrora tan feliz, tan saltarín,
tan rebosante de alegría...
¿Dime, dime dónde se aloja
el amor que tan alto de luz cantaba?