jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
a media tarde regresó de la marcha
del día mundial de la mujer
que se había celebrado en protesta y reivindicación feminista
y en repudio a siglos de dominación y abuso
del heteropatriarcado y los asquerosos hombres;
regresó, digo, de la puta marcha
empoderada e insurrecta e iracunda
encabronada y emputada y con la cara verde
y al abrir la puerta lo primero que me dijo
con su tono de voz más empoderado y justiciero
al verme tirado en el puto sillón con mis cervezas a un lado
y en la compu el video de un negro empotrando
a una joven damisela tailandesa de 40 kilos
me dijo "¡eres un puto violador, hijo de la chingada!"
y enseguida se dejó venir hacia el sillón
al tiempo que extraía de su bolsa
un pequeño bote de gas pimienta en aerosol
-una de las organizadoras de la marcha lo vendía por mitad de precio-
cuyo disparador apuntó a mi jeta para luego proceder
a rociarme un líquido irritante directo a los ojos
mientras seguía gritándome ardorosas consignas feministas
tales como "¡muerte a los hijos de puta violadores!", "¡acabemos con la escoria machirula!"
"¡abajo los puteros que nos ven como simples objetos de consumo sexual!"
y algunas otras más que ya no pude retener
porque los ojos habían empezado a escocerme y tuve que salir disparado al baño
para meter la cara bajo la regadera y tratar de limpiarme
aquella maldita cosa;
"¡puto cerdo fascista misógino!"
me dijo ya más tranquila, una vez en el cuarto
aunque después de bajarse las bragas y despatarrarse en la cama
todavía añadió "¡putañero cosificador falocéntrico!"
en tanto yo me rociaba un poco de aquel puto spray en la punta de la verga
-que en cuestión de segundos se me puso hinchada y gorda como un torpedo soviético-
y pasaba acto seguido a separarle un poco más las piernas
para finalmente subirme encima de ella
y arrimar a las puertas de su sacrosanta y empoderada vagina
aquel tumefacto atributo eréctil
característico de los seres más despreciables que habitamos la tierra
y que de no ser porque se lo meto cada día de la semana
y se lo sacudo dentro como si tuviera el motor de una jodida moulinex
ella podría tal vez acabar convirtiéndose
en una de esas locas del coño con facha de sargento y amargadas
que nos odian a los pobrecitos hombres
"¡me estás matando a vergazos, hijo de la gran chingada, eres peor que el harvi weistein!"
.
del día mundial de la mujer
que se había celebrado en protesta y reivindicación feminista
y en repudio a siglos de dominación y abuso
del heteropatriarcado y los asquerosos hombres;
regresó, digo, de la puta marcha
empoderada e insurrecta e iracunda
encabronada y emputada y con la cara verde
y al abrir la puerta lo primero que me dijo
con su tono de voz más empoderado y justiciero
al verme tirado en el puto sillón con mis cervezas a un lado
y en la compu el video de un negro empotrando
a una joven damisela tailandesa de 40 kilos
me dijo "¡eres un puto violador, hijo de la chingada!"
y enseguida se dejó venir hacia el sillón
al tiempo que extraía de su bolsa
un pequeño bote de gas pimienta en aerosol
-una de las organizadoras de la marcha lo vendía por mitad de precio-
cuyo disparador apuntó a mi jeta para luego proceder
a rociarme un líquido irritante directo a los ojos
mientras seguía gritándome ardorosas consignas feministas
tales como "¡muerte a los hijos de puta violadores!", "¡acabemos con la escoria machirula!"
"¡abajo los puteros que nos ven como simples objetos de consumo sexual!"
y algunas otras más que ya no pude retener
porque los ojos habían empezado a escocerme y tuve que salir disparado al baño
para meter la cara bajo la regadera y tratar de limpiarme
aquella maldita cosa;
"¡puto cerdo fascista misógino!"
me dijo ya más tranquila, una vez en el cuarto
aunque después de bajarse las bragas y despatarrarse en la cama
todavía añadió "¡putañero cosificador falocéntrico!"
en tanto yo me rociaba un poco de aquel puto spray en la punta de la verga
-que en cuestión de segundos se me puso hinchada y gorda como un torpedo soviético-
y pasaba acto seguido a separarle un poco más las piernas
para finalmente subirme encima de ella
y arrimar a las puertas de su sacrosanta y empoderada vagina
aquel tumefacto atributo eréctil
característico de los seres más despreciables que habitamos la tierra
y que de no ser porque se lo meto cada día de la semana
y se lo sacudo dentro como si tuviera el motor de una jodida moulinex
ella podría tal vez acabar convirtiéndose
en una de esas locas del coño con facha de sargento y amargadas
que nos odian a los pobrecitos hombres
"¡me estás matando a vergazos, hijo de la gran chingada, eres peor que el harvi weistein!"
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