AhabWerther
Poeta recién llegado
Sé muy bien que los recuerdos
son como el agua del estanque;
que entre más tiempo transcurre
más se pudre la ilusión.
Me he llegado a preguntar
si es que aquello es realidad,
si es que la vida son recuerdos
¿Acaso vale más que el fin?
Me siento torpe al caminar
sobre este sendero de espinas,
nuevas llagas veo sangrar
y aún no cierran las antíguas.
La penumba que me abraza
de día, de noche, despierto o dormido;
junto al viento que me empuja
por el sendero torcido,
por aquella parte oscura
que nadie conoce de Dios.
El frío en mi alma
se ha tornado intenso;
la antigua calma
se ha perdido.
Una voz me llama
y no puedo ignorarla.
Es el enemigo
que ahora viene a mí.
Muy de niño me asustaba
verlo ahí en mi habitación,
sin que las puertas cerradas
me ayudaran a escapar.
Pude derrotar a la bestia
cuando dejé de soñar.
Y de pronto me dí cuenta
que empezaba a madurar.
El enemigo vuelve
cuando mi juventud se va.
El enemigo vuelve
cuando no puedo luchar.
Cada vez más cerca;
puedo oírlo respirar;
no sé bien cómo camina
sin que se escuche su andar.
De pie estoy frente a él
y sin poderlo ya ver;
¿Cómo poder enfrentar
a lo que no conoces?
Está aquí y está allá,
ignoro si tenga piel.
No sé si empieza a llover
o soy yo quien quiere llorar;
los sueños son como jueces
que entregan el fallo final.
Sin siquiera luchar
me está empezando a vencer;
Sin ni siquiera gritar
mi cuerpo comienza a caer.
Enemigo mío
ven y abrázame.
Enemigo mío
por favor perdóname.
Debí cuidarte
y no dejarte.
Debí ayudarte
y no matarte.
Ayúdame, enemigo.
Busquemos la salida.
Ayúdame, enemigo.
Ya quítame la vida.
Ayúdame, enemigo.
Contágiame tu odio.
Ayúdame, enemigo.
Y dime lo que soy.
Enemigo mío
perdámonos en las sombras.
Tú que fuiste mi niñez.
Yo que soy tu madurez.
Para que pueda yo seguir.
Para que puedas tú vivir.....
son como el agua del estanque;
que entre más tiempo transcurre
más se pudre la ilusión.
Me he llegado a preguntar
si es que aquello es realidad,
si es que la vida son recuerdos
¿Acaso vale más que el fin?
Me siento torpe al caminar
sobre este sendero de espinas,
nuevas llagas veo sangrar
y aún no cierran las antíguas.
La penumba que me abraza
de día, de noche, despierto o dormido;
junto al viento que me empuja
por el sendero torcido,
por aquella parte oscura
que nadie conoce de Dios.
El frío en mi alma
se ha tornado intenso;
la antigua calma
se ha perdido.
Una voz me llama
y no puedo ignorarla.
Es el enemigo
que ahora viene a mí.
Muy de niño me asustaba
verlo ahí en mi habitación,
sin que las puertas cerradas
me ayudaran a escapar.
Pude derrotar a la bestia
cuando dejé de soñar.
Y de pronto me dí cuenta
que empezaba a madurar.
El enemigo vuelve
cuando mi juventud se va.
El enemigo vuelve
cuando no puedo luchar.
Cada vez más cerca;
puedo oírlo respirar;
no sé bien cómo camina
sin que se escuche su andar.
De pie estoy frente a él
y sin poderlo ya ver;
¿Cómo poder enfrentar
a lo que no conoces?
Está aquí y está allá,
ignoro si tenga piel.
No sé si empieza a llover
o soy yo quien quiere llorar;
los sueños son como jueces
que entregan el fallo final.
Sin siquiera luchar
me está empezando a vencer;
Sin ni siquiera gritar
mi cuerpo comienza a caer.
Enemigo mío
ven y abrázame.
Enemigo mío
por favor perdóname.
Debí cuidarte
y no dejarte.
Debí ayudarte
y no matarte.
Ayúdame, enemigo.
Busquemos la salida.
Ayúdame, enemigo.
Ya quítame la vida.
Ayúdame, enemigo.
Contágiame tu odio.
Ayúdame, enemigo.
Y dime lo que soy.
Enemigo mío
perdámonos en las sombras.
Tú que fuiste mi niñez.
Yo que soy tu madurez.
Para que pueda yo seguir.
Para que puedas tú vivir.....