BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Como peces inmóviles, cuyas pupilas
inquietan y derivan, enaltecen y abruman,
en territorios hostiles. Cordilleras nauseabundas,
estimables ofrendas de una orfandad no deliberada,
cánticos apreciables de eternas cascadas sonoras.
Partiendo de aquel río insaciable, nuestras formas
desprovistas de cuerpo o sanción. La fundación
de un cuerpo sobre otro, tendido.
Como rendijas oscurecidas por la tentación
efímera, la respiración crucial de elementos:
barro, arcilla, hielo, sombras tras los arpegios
de guitarras indoloras.
©
inquietan y derivan, enaltecen y abruman,
en territorios hostiles. Cordilleras nauseabundas,
estimables ofrendas de una orfandad no deliberada,
cánticos apreciables de eternas cascadas sonoras.
Partiendo de aquel río insaciable, nuestras formas
desprovistas de cuerpo o sanción. La fundación
de un cuerpo sobre otro, tendido.
Como rendijas oscurecidas por la tentación
efímera, la respiración crucial de elementos:
barro, arcilla, hielo, sombras tras los arpegios
de guitarras indoloras.
©