El rock, que hace olas, en la zona de confort…
el huevo, que se abre en el vacío…
la revolución de los cisnes, en la memoria...
los embarcaderos del barrio;
los diarios íntimos surrealistas,
y los palacios de escaleras a las nubes…
la mujer, que me tomaba a pulso,
el esqueleto del trueno,
y un bólido de ajedrez…
los dromedarios por las ramas,
y esa bahía daliniana…
y de pronto, no hacer falta,
y amanecer como un león,
con nuevas fórmulas del oído;
entre tantas mascotas del desayuno,
y las vibrantes exuberancias de las terrazas…
cuando los hoteles, se reúnen en los decimales;
cuando ellos nos alcanzan por autopistas, a todo volumen,
y las lluvias de ideas, repiquetean.
el huevo, que se abre en el vacío…
la revolución de los cisnes, en la memoria...
los embarcaderos del barrio;
los diarios íntimos surrealistas,
y los palacios de escaleras a las nubes…
la mujer, que me tomaba a pulso,
el esqueleto del trueno,
y un bólido de ajedrez…
los dromedarios por las ramas,
y esa bahía daliniana…
y de pronto, no hacer falta,
y amanecer como un león,
con nuevas fórmulas del oído;
entre tantas mascotas del desayuno,
y las vibrantes exuberancias de las terrazas…
cuando los hoteles, se reúnen en los decimales;
cuando ellos nos alcanzan por autopistas, a todo volumen,
y las lluvias de ideas, repiquetean.