dragon_ecu
Esporádico permanente
¿Que cómo me va? Parece que una sirena sale del agua a preguntar por mi vida.
- Te diría que pasando... de mal en peor a pésimo... y luego re bien. Y bueno... mi vida parece un ola de playa de surfistas. ¿Has surfeado alguna vez?
Y la sirena muda me queda viendo como un loco que trata explicarle la sinrazón de la cordura a otro loco.
- ¿No? - Mientras la sirena pasa de ser una imagen mitológica a una escultura de arena.
Por eso no me entiende la expresión.
- Para surfear primero uno debe sufrir el golpe de las olas pequeñas, para poder llegar al sitio donde se forman.
- A medida que vas entrando mar adentro, las olas se hacen más grandes y te golpean más fuerte, hasta que de repente llegas a un sitio tranquilo.
- Y es tan tranquilo... que el cuerpo ya acostumbrado a los golpes, se siente incómodo.
- Luego recorres con tu mirada como el agua no es un plano uniforme, sino que se contornea en subidas y bajadas.
Hay tantas analogías que pasan por tu cabeza. El erotismo surge aún donde no te esperabas.
- Apenas ves que se forma una depresión en la superficie... nadas a toda velocidad para alcanzarla y entrar dentro de la ola que nace.
- Luego es cuestión de balancearte para llegar hasta donde muera la ola, hasta el borde mismo de la playa.
- Después de toda esa experiencia, te sientes cansado pero extrañamente lleno de energía.
- Y en ti hay una sensación de gozo que solo se compara a la de un pintor que terminó un cuadro, o un escritor terminando su libro.
- Sabes que has terminado, pero permanece en ti el deseo de volver a empezar, pero te dejas y cedes... pues sabes y hay muchos más que buscan las olas.
- Luego te echas en la arena a ver como otros hacen el mismo recorrido.
- Y te das cuenta que tu ola perfecta, apareció luego de miles de olas imperfectas, pero el océano jamás dejó de brindarte olas, ni el viento las brisas, ni la arena su brillo, ni el sol sus rayos naranjas sobre el agua.
- Siempre tuviste olas perfectas, lo imperfecto era uno mismo, que no sabía como reconocerlas, ni como tomarlas.
- Hoy, solo te place saber que lo puedes hacer, aunque ya no lo hagas.
- Tomar la tabla solo para sentir en la espalda el sol de la mañana, y sobre el pelo la espuma de una ola reventando en tu cara.
¿Por qué antes no descubrí que así era la vida?
Y la sirena se convirtió en esfinge, y la esfinge en mi inquisidora.
-- ¿ Y ya lo sabes ahora?.
- Te diría que pasando... de mal en peor a pésimo... y luego re bien. Y bueno... mi vida parece un ola de playa de surfistas. ¿Has surfeado alguna vez?
Y la sirena muda me queda viendo como un loco que trata explicarle la sinrazón de la cordura a otro loco.
- ¿No? - Mientras la sirena pasa de ser una imagen mitológica a una escultura de arena.
Por eso no me entiende la expresión.
- Para surfear primero uno debe sufrir el golpe de las olas pequeñas, para poder llegar al sitio donde se forman.
- A medida que vas entrando mar adentro, las olas se hacen más grandes y te golpean más fuerte, hasta que de repente llegas a un sitio tranquilo.
- Y es tan tranquilo... que el cuerpo ya acostumbrado a los golpes, se siente incómodo.
- Luego recorres con tu mirada como el agua no es un plano uniforme, sino que se contornea en subidas y bajadas.
Hay tantas analogías que pasan por tu cabeza. El erotismo surge aún donde no te esperabas.
- Apenas ves que se forma una depresión en la superficie... nadas a toda velocidad para alcanzarla y entrar dentro de la ola que nace.
- Luego es cuestión de balancearte para llegar hasta donde muera la ola, hasta el borde mismo de la playa.
- Después de toda esa experiencia, te sientes cansado pero extrañamente lleno de energía.
- Y en ti hay una sensación de gozo que solo se compara a la de un pintor que terminó un cuadro, o un escritor terminando su libro.
- Sabes que has terminado, pero permanece en ti el deseo de volver a empezar, pero te dejas y cedes... pues sabes y hay muchos más que buscan las olas.
- Luego te echas en la arena a ver como otros hacen el mismo recorrido.
- Y te das cuenta que tu ola perfecta, apareció luego de miles de olas imperfectas, pero el océano jamás dejó de brindarte olas, ni el viento las brisas, ni la arena su brillo, ni el sol sus rayos naranjas sobre el agua.
- Siempre tuviste olas perfectas, lo imperfecto era uno mismo, que no sabía como reconocerlas, ni como tomarlas.
- Hoy, solo te place saber que lo puedes hacer, aunque ya no lo hagas.
- Tomar la tabla solo para sentir en la espalda el sol de la mañana, y sobre el pelo la espuma de una ola reventando en tu cara.
¿Por qué antes no descubrí que así era la vida?
Y la sirena se convirtió en esfinge, y la esfinge en mi inquisidora.
-- ¿ Y ya lo sabes ahora?.
Última edición: