Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Se puede saber por qué no callas
que es lo que en verdad te asusta
cuando no hablas,
cuando con tus manos no apaciguas
las orillas turbulentas de una playa,
el lugar donde dos puntos
haciendo un alto en el camino
se reencuentran y se abrazan.
Se puede saber si ocultas algo
si misteriosamente has guardado
tus zapatos manchados, bajo la cama;
hay barros que por mucho que se froten
no se borran nunca.
Donde te dio ella el primer beso
no es algo de lo que debas avergonzarte
y sin embargo….
¿Qué es lo que sucedió aquella noche?
cuando no supiste apaciguar el envite de las olas
sobre láminas de tierra disgregadas,
sobre encadenadas palabras, desencadenadas
letra a letra, gota a gota
por las pinzas intrusivas
de un cangrejo milenario.
Rojas se te pusieron las manos
y no fue muerte el silencio que vino luego
pero algo cayó,
un torpe e inmerecido lamento
un aguacero incesante
que aún te impide callar
en el punto,
donde se cortan dos rectas.
que es lo que en verdad te asusta
cuando no hablas,
cuando con tus manos no apaciguas
las orillas turbulentas de una playa,
el lugar donde dos puntos
haciendo un alto en el camino
se reencuentran y se abrazan.
Se puede saber si ocultas algo
si misteriosamente has guardado
tus zapatos manchados, bajo la cama;
hay barros que por mucho que se froten
no se borran nunca.
Donde te dio ella el primer beso
no es algo de lo que debas avergonzarte
y sin embargo….
¿Qué es lo que sucedió aquella noche?
cuando no supiste apaciguar el envite de las olas
sobre láminas de tierra disgregadas,
sobre encadenadas palabras, desencadenadas
letra a letra, gota a gota
por las pinzas intrusivas
de un cangrejo milenario.
Rojas se te pusieron las manos
y no fue muerte el silencio que vino luego
pero algo cayó,
un torpe e inmerecido lamento
un aguacero incesante
que aún te impide callar
en el punto,
donde se cortan dos rectas.