Tendré que conformarme
con estos versos maltrechos,
y aprender a amarlos,
que ya es hora justa;
pues nunca serán
los míos como aquellos
que belleza y alto espíritu fulguran.
Pobre arte el mío,
el patito feo de la poesía,
mas que nunca será
cisne como el del cuento,
verá sólo volar por las alturas
esas hermosas criaturas
que nunca sabrán que las admiraba
siempre un patito feo.