Posiblemente no recuerdes qué es la primavera.

Alonso Vicent

Poeta veterano en el portal
Posiblemente no recuerdes
cómo huelen los campos a azahar por la mañana.
Es primavera en mi memoria y,
desde esta madrugada, en el resto del mundo.
Buenos días primavera,
aunque tenga que llegar a ti
en un coche compartido, con mascarilla y guardando
una prudencial distancia
con los elementos que nos son ajenos.
Sin querer me siento un privilegiado;
ya trabajar es tan solo una excusa.
Vuelvo del campo antes de que el sol se ponga y
cuando me bajo los pantalones,
en casa,
en el lugar que a todos nos iguala,
se me llenan las baldosas de flores.
 
Vivimos momentos críticos dónde dónde en realidad (espero que así sea) estamos aprendiendo a valorar los pequeños detalles que nos rodean y a darnos cuenta que no somos inmortales, que tan solo importa el bagaje de sueños que tenemos dentro y a nuestro derredor. Magníficas letras, felicitaciones compañero
 
Vivimos momentos críticos dónde dónde en realidad (espero que así sea) estamos aprendiendo a valorar los pequeños detalles que nos rodean y a darnos cuenta que no somos inmortales, que tan solo importa el bagaje de sueños que tenemos dentro y a nuestro derredor. Magníficas letras, felicitaciones compañero
Urge, es de máxima urgencia sacarle todo lo positivo a esta y a cualquier situación. Intente plasmar mi realidad a la vuelta del trabajo y mientras comía a las cuatro de la tarde… pero en casa ya. Y es verdad que me siento privilegiado por poder quitarme la mascarilla y oler esta recién estrenada primavera en todo su apogeo.
Muchas gracias, Perfecta Humanidad; andamos en la misma onda.
Un abrazo.
 
Es que hay cuarentenas y cuarentenas... Tienes suerte, Alonso (yo, de momento, tampoco estoy mal), pero es indudable que esto va a ser muy duro a muchos niveles, y para mucha gente... Buen poema y muy bien cerrado. Un abrazote amigo.
 
Posiblemente no recuerdes
cómo huelen los campos a azahar por la mañana.
Es primavera en mi memoria y,
desde esta madrugada, en el resto del mundo.
Buenos días primavera,
aunque tenga que llegar a ti
en un coche compartido, con mascarilla y guardando
una prudencial distancia
con los elementos que nos son ajenos.
Sin querer me siento un privilegiado;
ya trabajar es tan solo una excusa.
Vuelvo del campo antes de que el sol se ponga y
cuando me bajo los pantalones,
en casa,
en el lugar que a todos nos iguala,
se me llenan las baldosas de flores.
Ese trono de la meditación es frío e irónicamente primaveral. Siempre un gusto, Alonso.
 
Última edición:
Es que hay cuarentenas y cuarentenas... Tienes suerte, Alonso (yo, de momento, tampoco estoy mal), pero es indudable que esto va a ser muy duro a muchos niveles, y para mucha gente... Buen poema y muy bien cerrado. Un abrazote amigo.
Llueve hoy a cántaros, no hay mal que por bien no venga (o sí), pero el caso es que me quedé en casa.
Llegó la primavera hace unos días, pero andamos muy ocupados para saludarla. Fue este pequeño poema como un saludo, por mí, por ti y por los compañeros.
El cierre es pura realidad… no te cuento más, que la Violeta ya me echa la bronca por dejar los suelos llenos de flores y de “secall” (pequeñas ramitas secas que se te meten por el escote y llegan mucho más abajo, je je).
Mil gracias y un gran abrazo en la distancia… que no es tanta.
 
Ese trono de la meditación es frío e irónicamente primaveral. Siempre un gusto, Alonso.
Es, no más, el trono que nos iguala. Pero este poema surgió sentado a una silla y con un plato de puchero en la mesa, je je.
¿Cómo que es frío el trono? Que tú no tienes una buena estufa de leña para caldear los habitáculos?, je je.
Un abrazo Godd...look...vam.
 
Posiblemente no recuerdes
cómo huelen los campos a azahar por la mañana.
Es primavera en mi memoria y,
desde esta madrugada, en el resto del mundo.
Buenos días primavera,
aunque tenga que llegar a ti
en un coche compartido, con mascarilla y guardando
una prudencial distancia
con los elementos que nos son ajenos.
Sin querer me siento un privilegiado;
ya trabajar es tan solo una excusa.
Vuelvo del campo antes de que el sol se ponga y
cuando me bajo los pantalones,
en casa,
en el lugar que a todos nos iguala,
se me llenan las baldosas de flores.
Con la mascarilla y todo, pero con el girasol bien puesto en el ojal.
Amigo, el mundo está un poco más loco de lo normal en estos días, pero es primavera. Y la primavera es irrenunciable.

Cuídate mucho para que cuentes muchas más primveras y las primaveras cuenten siempre contigo.

Va el abrazo chingón desde está jaula con vista a los fresnos que lucen hermosos y libres.
 
Con la mascarilla y todo, pero con el girasol bien puesto en el ojal.
Amigo, el mundo está un poco más loco de lo normal en estos días, pero es primavera. Y la primavera es irrenunciable.

Cuídate mucho para que cuentes muchas más primveras y las primaveras cuenten siempre contigo.

Va el abrazo chingón desde está jaula con vista a los fresnos que lucen hermosos y libres.
Que ojo tienes... Justamente andaba escuchando esa misma canción en el yotube, después de mi media hora de información perceptiva en el telediario a la hora del almuerzo, en casa, que llueve en los campos... Más de media hora se me hace duro.

Un gran abrazo, cuatachón, con vistas al patio y la estufa de leña encendida… Parece que volvió el invierno. También se le saca partido, en la medida de lo posible, a estos momentos… y ahora a sobrevivir para poder contarlo.
 
Posiblemente no recuerdes
cómo huelen los campos a azahar por la mañana.
Es primavera en mi memoria y,
desde esta madrugada, en el resto del mundo.
Buenos días primavera,
aunque tenga que llegar a ti
en un coche compartido, con mascarilla y guardando
una prudencial distancia
con los elementos que nos son ajenos.
Sin querer me siento un privilegiado;
ya trabajar es tan solo una excusa.
Vuelvo del campo antes de que el sol se ponga y
cuando me bajo los pantalones,
en casa,
en el lugar que a todos nos iguala,
se me llenan las baldosas de flores.

¡Alonso! Precioso poema... Efectivamente es una sensación extraña; saber que el mundo con sus astros ciegos no deja de girar al otro lado de nuestros muros, y, sin embargo, llegar a dudar de que efectivamente es así, haciéndose consistente aquel postulado de la física cuántica que dice: "creamos la realidad observada".
Un abrazo y cuídate, compañero.
 
¡Alonso! Precioso poema... Efectivamente es una sensación extraña; saber que el mundo con sus astros ciegos no deja de girar al otro lado de nuestros muros, y, sin embargo, llegar a dudar de que efectivamente es así, haciéndose consistente aquel postulado de la física cuántica que dice: "creamos la realidad observada".
Un abrazo y cuídate, compañero.
Es extraño ver las carreteras vacías cuando nos dirigimos al trabajo y ver que, una vez llegados a los campos, todo parece tan normal; como si no hubiera urgencias ni alarmas, como si nada hubiese ocurrido… a no ser por los geles, las mascarillas y el alcohol desinfectante.
El mundo sigue, seguirá, con los humanos o sin ellos.
De momento que siga contando con nosotros… nos va la vida en ello.
Muchas gracias, Andreas, y a cuidarnos como premisa fundamental.
Un enorme abrazo hasta la capital y mucho ánimo compañero y amigo aunque sea en la distancia.
 
No sé muy bien si recuerdo qué es la primavera, Alonso,
pero será difícil olvidar la estampa de ventanas y balcones,
el color de la solidaridad y el silencio roto con aplausos a eso de las 7 y 58 de la tarde
o la plenitud de los animales que disfrutan (aunque sólo sean unas semanas)
de los espacios que les hemos robado.
Aunque sigo sin gafas aún no he perdido el olfato
y huelo la heroicidad de aquellos que se enfrentan, cómo tú,
cara a cara con el enemigo...
Gracias, compañero, por este hermoso poema
y por subirte a la memoria de los árboles...
Un abrazo grande, amigo entero,cuídate y cuida de los tuyos
que aún nos quedan muchas primaveras...
 
Última edición:
No sé muy bien si recuerdo qué es la primavera, Alonso,
pero será difícil olvidar la estampa de ventanas y balcones,
el color de la solidaridad y el silencio roto con aplausos a eso de las 7 y 58 de la tarde
o la plenitud de los animales que disfrutan (aunque sólo sean unas semanas)
de los espacios que les hemos robado.
Aunque sigo sin gafas aún no he perdido el olfato
y huelo la heroicidad de aquellos que se enfrentan, cómo tú,
cara a cara con el enemigo...
Gracias, compañero, por este hermoso poema
y por subirte a la memoria de los árboles...
Un abrazo grande, amigo entero,cuídate y cuida de los tuyos
que aún nos quedan muchas primaveras...
Claro que recuerdas lo que es la primavera; y volverán seguro nuestras incursiones en todo su esplendor. Otra cosa es que esto nos va a cambiar la vida y va a hacer que le demos prioridad a lo que la tiene realmente.
Ay, que hiciste que me acordara de mis animalitos salvajes. Andarán contentos por aquellas sierras sin nadie que les moleste… incluso algunos puede que hayan bajado al pueblo a ver qué pasa, je je.
Besos sin mascarilla, amiga entera, que aun no es obligatoria… aunque para los desplazamientos, de dos en dos, nos toque las narices, je je.
 
hay que tener ojos de esperanza querido Alonso, y que mejor que valorar cada cosa nos pasa, las cotidianas. Abrazos desde este México con sonrisas bajo el cubreboca
Por eso no me gusta el “cubrebocas”, porque esconde las sonrisas, esas amigas tan necesarias para los que las esbozan y para los que las reciben. Pero necesidad obliga; pronto las liberaremos y serán, seguro, más libres que nunca.
Un gran abrazo, Marea, desde estos huertos de naranjos valencianos.
 
Posiblemente no recuerdes
cómo huelen los campos a azahar por la mañana.
Es primavera en mi memoria y,
desde esta madrugada, en el resto del mundo.
Buenos días primavera,
aunque tenga que llegar a ti
en un coche compartido, con mascarilla y guardando
una prudencial distancia
con los elementos que nos son ajenos.
Sin querer me siento un privilegiado;
ya trabajar es tan solo una excusa.
Vuelvo del campo antes de que el sol se ponga y
cuando me bajo los pantalones,
en casa,
en el lugar que a todos nos iguala,
se me llenan las baldosas de flores.


Alonso!!, te he visto revoloteando por la clásica y te he seguido hasta este estimulante poema que nos recuerda a que huele la primavera. Aunque podría cantar hoy la canción de Sabina "¿quien me ha robado el mes de abril?" pero me temo que nos robaran muchos más. Me ha tocado quedarme en a ciudad y subir a la azotea a caminar entre trinos de pájaros que se posan en el bosque de antenas... Cómo quisiera tener alas, me pongo de puntillas y veo el mar desde mi azotea, si bajara en una carrerita corta llegaría a la avenida marítima, dicen que saltan los delfines en sus aguas libres de barcos. En la casita de la montaña está mi hijo, hasta ha plantado en estos días en un pequeño huerto, él, que no sabía nada de plantar, está encantado. Estar en la montaña es un privilegio.
Pero desde mi balcón en la ciudad salgo todos los días a aplaudir a las siete de aquí, las ocho de allá, y me emociono, no sabía cuanta gente vivía en mi calle, nunca vi a nadie en los balcones.
Si vieras como por las mañanas algunas aves toman las calle de la ciudad y suben calle arriba, por el centro, aleteando, no me dan tiempo a coger la cámara pero es increíble. Si todos miráramos como la naturaleza se embellece sin nosotros. Pero echo de menos las risas de los niños en las plazas y parques, qué silencio.Nunca imaginé lo que ahora contemplo, solo en la ficción.
Me ha encantado volver a tus letras, a tu paisaje, Alonso
Un abrazo con mis mejores deseos.
Isabel
 
Alonso!!, te he visto revoloteando por la clásica y te he seguido hasta este estimulante poema que nos recuerda a que huele la primavera. Aunque podría cantar hoy la canción de Sabina "¿quien me ha robado el mes de abril?" pero me temo que nos robaran muchos más. Me ha tocado quedarme en a ciudad y subir a la azotea a caminar entre trinos de pájaros que se posan en el bosque de antenas... Cómo quisiera tener alas, me pongo de puntillas y veo el mar desde mi azotea, si bajara en una carrerita corta llegaría a la avenida marítima, dicen que saltan los delfines en sus aguas libres de barcos. En la casita de la montaña está mi hijo, hasta ha plantado en estos días en un pequeño huerto, él, que no sabía nada de plantar, está encantado. Estar en la montaña es un privilegio.
Pero desde mi balcón en la ciudad salgo todos los días a aplaudir a las siete de aquí, las ocho de allá, y me emociono, no sabía cuanta gente vivía en mi calle, nunca vi a nadie en los balcones.
Si vieras como por las mañanas algunas aves toman las calle de la ciudad y suben calle arriba, por el centro, aleteando, no me dan tiempo a coger la cámara pero es increíble. Si todos miráramos como la naturaleza se embellece sin nosotros. Pero echo de menos las risas de los niños en las plazas y parques, qué silencio.Nunca imaginé lo que ahora contemplo, solo en la ficción.
Me ha encantado volver a tus letras, a tu paisaje, Alonso
Un abrazo con mis mejores deseos.
Isabel
Hola, hola, Isabel. Te vi desde abajo y subí para saludar. Hace un rato pasó la policía con la sirena y la música a todo volumen, eran las ocho y nos recordaron que era la hora de asomarse a la calle.
A mí me pilló el confinamiento en el pueblo y trabajando todos los días (menos cuando llueve). Ya me hubiese gustado haberme quedado atrapado en el refugio y porche de montaña; pero no hubiese sido práctico bajar todos los días.
Si que ha cambiado mucho el paisaje: las carreteras van vacías, los bares están cerrados, a los compañeros de más de sesenta años los han mandado a casa, las mascarillas, los geles, los termómetros antes de ponerse a trabajar… el campo está precioso, la contaminación ha disminuido, llueve por alegrías y los animales no domésticos andan (o vuelan) más relajados… y los domésticos pasean más que nunca.
Espero que las personas saquemos una buena lección de este descalabro, de esta tragedia, y que empecemos a ver con otros ojos la vida y sus prioridades. Yo creo que sí, y que esto fue una grave advertencia.
Oyendo a Sabina nacieron estos versos “Canción de Primavera”, pero en el recuerdo andaba ese “Quién me ha robado el mes de abril”.
Adivino esos paisajes isleños que me muestras con la naturaleza tomando la ciudad. Volveremos a poder disfrutar de las calles, de los niños, de los parques… y de los bares… ya verás.

Besos, Isabel, de balcón a balcón, y me alegro un montón de verte, aunque sea virtualmente. Cuídate muchoooooo
 
Hola, hola, Isabel. Te vi desde abajo y subí para saludar. Hace un rato pasó la policía con la sirena y la música a todo volumen, eran las ocho y nos recordaron que era la hora de asomarse a la calle.
A mí me pilló el confinamiento en el pueblo y trabajando todos los días (menos cuando llueve). Ya me hubiese gustado haberme quedado atrapado en el refugio y porche de montaña; pero no hubiese sido práctico bajar todos los días.
Si que ha cambiado mucho el paisaje: las carreteras van vacías, los bares están cerrados, a los compañeros de más de sesenta años los han mandado a casa, las mascarillas, los geles, los termómetros antes de ponerse a trabajar… el campo está precioso, la contaminación ha disminuido, llueve por alegrías y los animales no domésticos andan (o vuelan) más relajados… y los domésticos pasean más que nunca.
Espero que las personas saquemos una buena lección de este descalabro, de esta tragedia, y que empecemos a ver con otros ojos la vida y sus prioridades. Yo creo que sí, y que esto fue una grave advertencia.
Oyendo a Sabina nacieron estos versos “Canción de Primavera”, pero en el recuerdo andaba ese “Quién me ha robado el mes de abril”.
Adivino esos paisajes isleños que me muestras con la naturaleza tomando la ciudad. Volveremos a poder disfrutar de las calles, de los niños, de los parques… y de los bares… ya verás.

Besos, Isabel, de balcón a balcón, y me alegro un montón de verte, aunque sea virtualmente. Cuídate muchoooooo
Y yo a ti compañero. Eres de lo mas entrañable y eso arraiga como arraiga tu poesia por su autenticidad.
Abrazos.

Si, trataré de hacerlo, aunque a veces tengo ganas de escapar, zambullirme en el mar y abrazar, abrazar, abrazar, como si no hubiera mañana. ¿Qué haré sin sonrisa? la sonrisa es mi sello de identidad, la que me salva de la melancolía.
Mas abrazos.
Isabel
 
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Posiblemente no recuerdes
cómo huelen los campos a azahar por la mañana.
Es primavera en mi memoria y,
desde esta madrugada, en el resto del mundo.
Buenos días primavera,
aunque tenga que llegar a ti
en un coche compartido, con mascarilla y guardando
una prudencial distancia
con los elementos que nos son ajenos.
Sin querer me siento un privilegiado;
ya trabajar es tan solo una excusa.
Vuelvo del campo antes de que el sol se ponga y
cuando me bajo los pantalones,
en casa,
en el lugar que a todos nos iguala,
se me llenan las baldosas de flores.
Un bonito poema, con un bello remate.Saludos cordiales, poeta Vicent.
 
Posiblemente no recuerdes
cómo huelen los campos a azahar por la mañana.
Es primavera en mi memoria y,
desde esta madrugada, en el resto del mundo.
Buenos días primavera,
aunque tenga que llegar a ti
en un coche compartido, con mascarilla y guardando
una prudencial distancia
con los elementos que nos son ajenos.
Sin querer me siento un privilegiado;
ya trabajar es tan solo una excusa.
Vuelvo del campo antes de que el sol se ponga y
cuando me bajo los pantalones,
en casa,
en el lugar que a todos nos iguala,
se me llenan las baldosas de flores.
Privilegiados sois de mirar la primavera, en el trópico es invierno, solo tenemos verano e invierno, y en este último aunque no lo creais es como una primavera, reverdecen y florecen las plantas y anidan las avecillas y cantan desde las 3 de la madrugada hasta el amanecer y durante el día. Acá todo el año tenemos floresta, nunca se apaga el verde. Pero este 2020, hemos recibido la misma florecilla que vosotros y ha venido a recordarnos los mismo que a vosotros.
De tapaboca igual, solo que estoy fabricando los de la familia porque hubo una ola de pánico y unos cuantos desabastecieron los mercados. Te cuento que el panorama es similar, las calles deshabitadas, salvo por un que otro mal amansado que no hace caso a las recomendaciones y restricciones y aquellos que tienen que trabajar, yo enclaustrada con mi madre en casa pero disfrutando de tu bello poema que nos invita a reflexionar sobre lo maravilloso que tenemos a la vista y que pocos disfrutamos, sé que tú lo haces siempre. La experiencia y reflexión la tendremos una mayoría de seguro, pero no los que tienen en sus manos la protección de nuestra amada Natura, lamentablemente los del poder una vez que pase esto quizá volverán con sus pequeños pero destructivos juegos de poder.
Un abrazo muy fuerte en la distancia y el cariño y admiración de siempre mi querido Alonso,

ligiA
 
Y yo a ti compañero. Eres de lo mas entrañable y eso arraiga como arraiga tu poesia por su autenticidad.
Abrazos.

Si, trataré de hacerlo, aunque a veces tengo ganas de escapar, zambullirme en el mar y abrazar, abrazar, abrazar, como si no hubiera mañana. ¿Qué haré sin sonrisa? la sonrisa es mi sello de identidad, la que me salva de la melancolía.
Mas abrazos.
Isabel
Sonriendo vengo porque, incluso debajo de una mascarilla y ante la adversidad, no debiéramos reprimir este natural nuestro... tampoco las lágrimas.
En nada volveremos a abrazar, a ser abrazados y a mirarnos desde lo profundo de haber sido, de ser y de lo que sea; pero con más autenticidad. Vamos, como si nos fuera la vida en ello, que en ello anda la vida; al menos la auténtica.
Un abrazote renovado, Isabel, y espero que muy pronto nos saludemos de porche a porche.
 
Privilegiados sois de mirar la primavera, en el trópico es invierno, solo tenemos verano e invierno, y en este último aunque no lo creais es como una primavera, reverdecen y florecen las plantas y anidan las avecillas y cantan desde las 3 de la madrugada hasta el amanecer y durante el día. Acá todo el año tenemos floresta, nunca se apaga el verde. Pero este 2020, hemos recibido la misma florecilla que vosotros y ha venido a recordarnos los mismo que a vosotros.
De tapaboca igual, solo que estoy fabricando los de la familia porque hubo una ola de pánico y unos cuantos desabastecieron los mercados. Te cuento que el panorama es similar, las calles deshabitadas, salvo por un que otro mal amansado que no hace caso a las recomendaciones y restricciones y aquellos que tienen que trabajar, yo enclaustrada con mi madre en casa pero disfrutando de tu bello poema que nos invita a reflexionar sobre lo maravilloso que tenemos a la vista y que pocos disfrutamos, sé que tú lo haces siempre. La experiencia y reflexión la tendremos una mayoría de seguro, pero no los que tienen en sus manos la protección de nuestra amada Natura, lamentablemente los del poder una vez que pase esto quizá volverán con sus pequeños pero destructivos juegos de poder.
Un abrazo muy fuerte en la distancia y el cariño y admiración de siempre mi querido Alonso,

ligiA
Creo que las estaciones cambiaron a nivel mundial. Aquí solemos decir que las cuatro estaciones se convirtieron en verano, veroño, inviernito e inestabilidades varias; primavera la llamábamos hace a penas unos años.
Siento mucho todo lo que esta situación nos ha impuesto por imperativo sanitario, que la economía de muchos (los de siempre) se vaya al traste, que las libertades se coarten... Pero en medio de este caos, como dije, me siento privilegiado por seguir pudiendo apreciar la naturaleza más allá de los balcones, aunque sea por trabajo y con limitaciones. Cuánta vida resurgió a nuestro alrededor: aves, ungulados, raposos, aire limpio; todos bajan y reocupan sus espacios.
La Violeta también surtió de mascarillas a toda la familia con la vieja Singer; fue cosedora en sus años mozos... y eso no se olvida.
Creo que tienes mucha razón; cuando pase esto una mayoría volverá, por orden de los que ordenan (en la peor de sus acepciones) a hacer oídos sordos a las advertencias de la Naturaleza y a priorizar las macroeconomías globalizadas... que siempre son tan solo de unos cuantos.
Todo un placer verte entre estos versos, Ligia, y poder conectar.
A cuidarse y a cuidarnos, junto a los seres que queremos, en este espacio que aunque delimitado compartimos.
Un gran abrazo de costa a costa.
 
Posiblemente no recuerdes
cómo huelen los campos a azahar por la mañana.
Es primavera en mi memoria y,
desde esta madrugada, en el resto del mundo.
Buenos días primavera,
aunque tenga que llegar a ti
en un coche compartido, con mascarilla y guardando
una prudencial distancia
con los elementos que nos son ajenos.
Sin querer me siento un privilegiado;
ya trabajar es tan solo una excusa.
Vuelvo del campo antes de que el sol se ponga y
cuando me bajo los pantalones,
en casa,
en el lugar que a todos nos iguala,
se me llenan las baldosas de flores.
Hermoso poema, poeta Alonso. Para todas las personas que amamos el campo, llegar a casa es una fiesta de primavera. Saludo cordial.
 
Hermoso poema, poeta Alonso. Para todas las personas que amamos el campo, llegar a casa es una fiesta de primavera. Saludo cordial.
Muy agradecido, Alex, por asomarte a esta ventana que da a los campos y la montaña; que ni el confinamiento ha impedido que sigan su curso las estaciones. Me siento privilegiado por trabajar con ellas.

Un saludote y muy bien venido.
 
Posiblemente no recuerdes
cómo huelen los campos a azahar por la mañana.
Es primavera en mi memoria y,
desde esta madrugada, en el resto del mundo.
Buenos días primavera,
aunque tenga que llegar a ti
en un coche compartido, con mascarilla y guardando
una prudencial distancia
con los elementos que nos son ajenos.
Sin querer me siento un privilegiado;
ya trabajar es tan solo una excusa.
Vuelvo del campo antes de que el sol se ponga y
cuando me bajo los pantalones,
en casa,
en el lugar que a todos nos iguala,
se me llenan las baldosas de flores.
Que bonita manera de describir el regreso a casa, poeta Vicent. Un gusto leerte. Saludos y espero esté muy bien.
 

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