UNA BROMA SURREAL
(o intento nocturno de escritura automática)
Vernáculas oleadas desojadas
acantos fuera de escuadra
barnices sobre vidrios ya esmaltados
ex-abruptos cardenalicios en sordina.
La hecatombe consumada
sin posibilidad de ser conrestada
restañadas las costuras imprecisas
dispuestos los alambiques
los cadáveres ya alineados en su orden decadente
extranjeras premoniciones de sálvese-quien-pueda
abochornados bochornos sobre hielos sin fronteras
y calor-mucho-calor en las frías madrugadas del desierto
zapatos sin pantorrillas ni ligueros
babuchas para pies helados en los inviernos saharianos
humeantes escaleras para subir al cadalso
cadalsos fronterizos con próximas primaveras
alguna chimenea vetusta
a la que el viento menea
donde se exhuman los excrementos ardidos
canapés todos sedados
y sofás de pentagramas
faltan notas do, re, mi
por defecto de fabricación.
(¡Oh! Vuelven ya las primeras golondrinas
trayendo bajo sus alas aguadañadas
las trazas de otros inviernos...)
Nacen de tiernos sobacos pianos reconfortados
y los elefantes dorados buscan su marfil robado
con sus ridículos ojillos como pozos desaguados
cantan con voces armónicas metales y culebrinas
mientras las damas pudorosas se ajustan sus esclavinas.
(todo esto, en do mayor,
puede escribir un poeta
si el surrealismno no peta
de vergüenza o pundonor.)
Y lejanos horizontes
como lascivos Junos bifrontes
o pelajes de bisontes
o trenes de mastodontes
o una procesión de arcontes
la cabra que tira al monte
y los fandangos de Almonte
llegan los rinocerontes
y ahuyentan los saltamontes.
Pero tú
linda Elisenda
seguirás mi misma senda
para hacer servil ofrenda
y jugar conmigo
al pin-pon.
Ilust.: “Pintura azul”. V. Kandinsky (1924)
(o intento nocturno de escritura automática)
Vernáculas oleadas desojadas
acantos fuera de escuadra
barnices sobre vidrios ya esmaltados
ex-abruptos cardenalicios en sordina.
La hecatombe consumada
sin posibilidad de ser conrestada
restañadas las costuras imprecisas
dispuestos los alambiques
los cadáveres ya alineados en su orden decadente
extranjeras premoniciones de sálvese-quien-pueda
abochornados bochornos sobre hielos sin fronteras
y calor-mucho-calor en las frías madrugadas del desierto
zapatos sin pantorrillas ni ligueros
babuchas para pies helados en los inviernos saharianos
humeantes escaleras para subir al cadalso
cadalsos fronterizos con próximas primaveras
alguna chimenea vetusta
a la que el viento menea
donde se exhuman los excrementos ardidos
canapés todos sedados
y sofás de pentagramas
faltan notas do, re, mi
por defecto de fabricación.
(¡Oh! Vuelven ya las primeras golondrinas
trayendo bajo sus alas aguadañadas
las trazas de otros inviernos...)
Nacen de tiernos sobacos pianos reconfortados
y los elefantes dorados buscan su marfil robado
con sus ridículos ojillos como pozos desaguados
cantan con voces armónicas metales y culebrinas
mientras las damas pudorosas se ajustan sus esclavinas.
(todo esto, en do mayor,
puede escribir un poeta
si el surrealismno no peta
de vergüenza o pundonor.)
Y lejanos horizontes
como lascivos Junos bifrontes
o pelajes de bisontes
o trenes de mastodontes
o una procesión de arcontes
la cabra que tira al monte
y los fandangos de Almonte
llegan los rinocerontes
y ahuyentan los saltamontes.
Pero tú
linda Elisenda
seguirás mi misma senda
para hacer servil ofrenda
y jugar conmigo
al pin-pon.
Ilust.: “Pintura azul”. V. Kandinsky (1924)
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