Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
La hondura de un beso de 10.000km
no admite descanso, ni error, ni lamento;
el camino no es el recto
eso está claro,
es preciso que un sauce recoja sus dedos
y ponga las yemas en un vaso de agua,
es la sed del sediento
la que da vueltas a la llave,
la que pone la tierra
en la boca del cielo
la que une dos puntos
con un trazo firme
la que siente el aliento
de un suave aguacero.
Toda grieta se cierra
con un simple beso
toda nota se toca
con círculos lentos
como una sonrisa
de fuera hacia dentro
cayendo la piedra
y con ella el silencio;
ha llegado el mañana
con relojes nuevos
ha tocado a la puerta
desnudado al viento.
La hondura de un beso
de 10.000km
no admite descanso
ni error,
ni lamento.
no admite descanso, ni error, ni lamento;
el camino no es el recto
eso está claro,
es preciso que un sauce recoja sus dedos
y ponga las yemas en un vaso de agua,
es la sed del sediento
la que da vueltas a la llave,
la que pone la tierra
en la boca del cielo
la que une dos puntos
con un trazo firme
la que siente el aliento
de un suave aguacero.
Toda grieta se cierra
con un simple beso
toda nota se toca
con círculos lentos
como una sonrisa
de fuera hacia dentro
cayendo la piedra
y con ella el silencio;
ha llegado el mañana
con relojes nuevos
ha tocado a la puerta
desnudado al viento.
La hondura de un beso
de 10.000km
no admite descanso
ni error,
ni lamento.