Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PAISAJES. DIANA IV.
Cae en ritmo lento,
el agua de aquella catarata,
que rompe los paisajes muertos,
allí donde el petrificado robledo,
da sombra a una cruz blanca,
donde se hacen, presentes con huesos.
Dos unicornios quieren darse un beso,
pero tienen miedo de perder un ojo,
callado el macho acaricia el lomo,
de una hembra, entregada al deseo,
baja la cabeza y chupa la sal de un cráneo,
que trajo el galeón fantasma, que surca el océano.
Cae en ritmo lento,
el agua de aquella catarata,
que rompe los paisajes muertos,
allí donde el petrificado robledo,
da sombra a una cruz blanca,
donde se hacen, presentes con huesos.
Dos unicornios quieren darse un beso,
pero tienen miedo de perder un ojo,
callado el macho acaricia el lomo,
de una hembra, entregada al deseo,
baja la cabeza y chupa la sal de un cráneo,
que trajo el galeón fantasma, que surca el océano.
Diana sentada en el centro de una lapida,
deja caer el arco y las flechas a un lado,
y jura que no se cortara un pecho,
ya que no es amazona, sino deidad cazadora.
deja caer el arco y las flechas a un lado,
y jura que no se cortara un pecho,
ya que no es amazona, sino deidad cazadora.
Cada lágrima que cae al mármol blanco,
hace brotar una perla
no ha nacido ni ángel, ni diablo,
que se atreva a hacer recolecta,
cada perla, para una boca,
y cada boca, para cada nicho que se alza,
al final de finito del páramo.
Indeleble cae sobre su pelo
el rojo de los atardeceres,
esta esperando la noche,
donde los espectros son dueños,
para besar la frente de su Acteón
y velar, que nunca la vea bañarse desnuda.
hace brotar una perla
no ha nacido ni ángel, ni diablo,
que se atreva a hacer recolecta,
cada perla, para una boca,
y cada boca, para cada nicho que se alza,
al final de finito del páramo.
Indeleble cae sobre su pelo
el rojo de los atardeceres,
esta esperando la noche,
donde los espectros son dueños,
para besar la frente de su Acteón
y velar, que nunca la vea bañarse desnuda.
Juanjota.
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