Xuacu
Poeta que considera el portal su segunda casa
PAISAJES. DIANA VIII.
En la herida de la vida,
caza Diana a sus muertos,
arrastrando pasa el tiempo,
ante el cortante de su flecha,
compases que arropa los vientos,
en la melodía del tensar de su arco,
sus labios apretados,
paisaje esplendente,
del carmín de una acuarela,
tempestad de fuerza,
que pule los huesos sin carne,
cocidas manos sin dedos,
que se alzan rogando,
el roce de su cabello,
panoramas de Dante,
que se han hecho cuadro de besos,
para alfombrar sus andares,
entre el carbón de los mineros,
condenados en un infierno,
donde el calor sofoca el pensamiento,
donde la distancia
entre el cielo y el infierno,
lo marcan las yemas de sus dedos,
que se alcen estandartes,
en la caballería de jinetes de esqueleto,
que escancie tinta negra,
la lluvia de las nubes,
y que sus ojos deshojen,
las lagunas muertas,
de los secretos más oscuros.
En la herida de la vida,
caza Diana a sus muertos,
arrastrando pasa el tiempo,
ante el cortante de su flecha,
compases que arropa los vientos,
en la melodía del tensar de su arco,
sus labios apretados,
paisaje esplendente,
del carmín de una acuarela,
tempestad de fuerza,
que pule los huesos sin carne,
cocidas manos sin dedos,
que se alzan rogando,
el roce de su cabello,
panoramas de Dante,
que se han hecho cuadro de besos,
para alfombrar sus andares,
entre el carbón de los mineros,
condenados en un infierno,
donde el calor sofoca el pensamiento,
donde la distancia
entre el cielo y el infierno,
lo marcan las yemas de sus dedos,
que se alcen estandartes,
en la caballería de jinetes de esqueleto,
que escancie tinta negra,
la lluvia de las nubes,
y que sus ojos deshojen,
las lagunas muertas,
de los secretos más oscuros.
Juanjota
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